Del sueño americano, la afonía del Diablo y la independencia… de EEUU

CINE TDS

Siempre vamos de “A” a “B”. De donde estamos a donde queremos estar. De lo que somos a lo que queremos ser. De casa al trabajo. De “auxiliares de” a “supervisores de”. Siempre, SIEMPRE, de “A” a “B”. Y esta es la premisa básica del guión de cualquier película: El viaje del protagonista. Del hacker perdido en la vida a El Elegido para salvar la humanidad en Matrix (1999). De niño con pocas luces a hombre de éxito (con pocas luces igual) en Forrest Gump (1994). De abogado sin alma a portador de la moralidad en Pactar con el Diablo (1997). O Acción Civil (1999). O La tapadera (1993). Y parece obvio, ¿no? Una película trata de contar una parte de la vida de alguien. Una parte importante. Una parte que merezca ser contada. “A” es el primer acto y “B” el tercero. En “A” Neo persigue el conejo blanco y en “B” se va volando como Superman. Es fácil, funciona y aunque no lo sepáis esta premisa es la que nos permite engancharnos a la historia.

 

¿Qué es lo que ocurre cuando no te tomas unos minutos de metraje a mostrar “A”? Pues muchas cosas, pero la principal es que no empatizamos con nuestros personajes ni lo que les ocurre. Tenía muchas ganas de ver Libranos del mal de Scott Derrickson. El rollo de las posesiones, los exorcismos y vomitonas verdes me encanta. El rollo del poli que tiene que resolver un caso en el que acaba emocionalmente involucrado también. ¿Y qué es lo que falla? Pues entre muchas otras cosas que no existe “A”. Y es una manía muy fea que ya lleva años instaurada. Es como decirnos “tengo muchas cosas que contar, no voy a perder diez minutos en explicar donde empezamos”. Pues lo que ocurre es que si no me lo cuentas, la historia de Eric Bana persiguiendo el mal me importa un pimiento. Aunque me lo pongas en casa con una mujer guapísima y una niñita adorable. Aunque yo vea que es un buen hombre. Aunque yo sepa que quiero que venza a el mal. Si no hay un esfuerzo por enseñarme “A”…  su combate con el Demonio me pilla perdido y pendiente del móvil (no sea que alguna chica me ofrezca mejor plan que ver uno de los peores thrillers escondido en tintes paranormales de los últimos tiempos).

 

No es un problema aislado, no se crean. Esa gran bazofia llamada Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal ( 2008) peca del mismo defecto. En todas las escenas vemos a Indiana contra el Mundo y en todas las escenas vemos que Indiana sale victorioso. Eso lo sé antes de ver la película ¡Por Dios! Si en El exorcista ( 1973) pierden más de una hora para contarnos que es lo que puede ocurrir… Por algo será, ¿no? Y lo mismo en el 90% de las películas de aventuras de los últimos años. Entran rápido a las explosiones, persecuciones y puñetazos pero todas se olvidan de contarme con quien voy y que es lo que tiene que conseguir. Pobre Scott Kevan (el de foto) que se esfuerza en encerrarme en un ambiente oscuro. Pobre Jason Hellmann (montaje) que consigue encontrar un ritmo para enseñarme las cosas. ¿Quien decidió poner un prólogo a modo de burdo elemento de preparación y le negó a la historia un primer acto como Dios manda?

 

Sin título-1

 

Sin embargo también ha sido una semana con sorpresa. Una grata sorpresa que me reconcilia con Keira Knightly y con el gran sueño americano. Begin Again de John Carney  me sorprendre por el poco convencional juego de estructura en los primeros 30 minutos. Aunque tiene mucha lógica. Viajamos de “A” a “B”. El film se presenta con “Keira” cantando al estilo de la gran Inside Lewyn Davis (2013) para poco a poco darnos a conocer la historia de los personajes. Prácticamente media hora (algo abusivo para un primer acto) que consigue atrapar alterando la estructura y enseñándonos poco a poco todo lo que necesitamos saber para amar a sus dos protagonistas. Tengo suerte de haber aprendido cine bajo la premisa de que uno debe disfrutar con cualquier historia mas allá de cómo este contada. Así puedo declarar que Begin Again me traslada con una bonita sonrisa a el caramelo de Tu la letra, yo la música (2007). Es mala, pero me encanta.

 

Y precisamente el sueño americano que se me presenta en Begin Again (dos grandes monstruos de la música que se encuentran en su peor momento y luchan por seguir adelante) me traslada a algunas películas estrenadas ahora hace un año (vale, el proceso participativo de Catalunya también ayuda). Hablo de ese sequito de películas que nos hablaban de los cimientos de EEUU. A saber, la casi excelente Lincoln (2013); la entretenida El mayordomo (2013); la divertidísima Django (2013) y la sobrevalorada 12 años de esclavitud (2014). Por cierto, si vamos a hablar de esclavos, por favor, que se ahorren las violaciones y asesinatos sobre campos de algodón, que ya está muy visto. No deja de ser irónico que Tarantino juegue con humor e ironía esta trama mientras la oscarizada 12 años de esclavitud lo hace con la intención real de crear empatía. Este “A” ya lo tenemos muy sobado.

X.SEGÚ

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