LA PÁGINA EN BLANCO, EL MENTOR Y THE IMITATION GAME

CINE TDS

Voy con retraso. Lo sé. Una de las ventajas de estas entradas es que son libres. Así que cuando ocurren cosas raras puedo pajarearme un poco. Y podéis preguntar ¿Y a mí que me importa si vas tarde o no? Pues porque mis problemas en la vida son, a la vez, herramienta y problema para escribir.

Quiero hablar de muchas cosas y no quiero alargarme así que voy al meollo. ¿Qué pasa cuando alguien como yo que pregona el “escribir, escribir y escribir” como herramienta básica para ser guionista/escritor/loquesurja sufre una crisis de página en blanco? Que se siente inútil. El miedo a la página en blanco no necesariamente quiere decir que no sepas que decir, o como contarlo. En mi caso se ha debido a dos cuestiones básicas: Cada frase era peor que la anterior y no era capaz de contar exactamente lo que quería. Este es mi cuarto borrador y puede que vengan muchos después. Pero puede que del problema surja la solución. ¿Cómo se vence a la página en blanco? Escribiendo. Puede que no vayan a ser mis mejores líneas y que no consiga transmitir lo que deseo con ellas pero aquí estoy, de nuevo desnudo y preparado para el asalto.

Tengo demasiadas cosas en la cabeza. Intento ordenarme y aislar mis problemas de estas líneas pero no soy capaz. Nunca lo he sido. Escribo según lo siento y demasiado condicionado por el momento. No me torturo por ello, normalmente la reescritura soluciona parte del problema (en cuanto a estilo y tono) y mis mejores historias han nacido de mis peores miedos, de algunos de los escondrijos de mi corazón y de cosas vividas. Y casi mejor me acepto, tengo que aguantarme lo que me queda de vida. He tenido muchos mentores en mi vida. El último, que por desgracia falleció, me enseño que nuestros peores defectos pueden ser también herramientas necesarias.

Yoda en La Guerra de las Galaxias, Gandalf en El Señor de los Anillos, Kesuke Miyagi en Karate Kid, Pai Mei en Kill Bill vol.2, Morfeo en The Matrix… Son los ejemplos más claros que he podido recordar aunque hay muchos más. Son los grandes mentores, aquellos personajes que enseñan a nuestro protagonista a convertirse en los mejores y trazan el camino de la gloria para ellos. Los mentores son mis personajes preferidos. Un mentor bien escrito transmite seguridad, severidad, confianza… El buen mentor es aquel que dibuja el futuro de nuestro protagonista y le ayuda a alcanzarlo. Un buen mentor lanza frases al estilo: “No tengas prisa, llegará tu momento” o “El destino ha escogido un viaje muy especial para ti”. Hay mentores un poco menos obvios. Uno de mis favoritos es Michel Caine en la trilogía del Caballero Oscuro. Un mentor sin medallas, sin poder. Un mentor fraternal que lanza frases como “hay gente que simplemente quiere ver arder el mundo”. Los mentores me ponen cachondo y como guionista, son la leche. Te permiten enseñar lo que quieras al protagonista sabiendo que en el momento de zozobra su voz en off nos descubrirá de nuevo sus enseñanzas y nos acompañara a la victoria.

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La figura del mentor funciona principalmente en un tipo de estructura llamada El ciclo del héroe. No es complicada, os la cuento y seguro que tenéis una película entre vuestras favoritas que cumple este paradigma. Para mí el mejor ejemplo es The Matrix, pero hay muchísimas. El rollo es el siguiente: Nuestro protagonista vive en una vida ordinaria y corriente. Se le plantea un gran desafío que rechaza, normalmente por miedo al cambio, pero aparece el mentor, que le enseña todo lo necesario para emprender el viaje y le induce a perder el miedo. Así que el protagonista acepta el desafío. Y se embarca en una misión donde conoce amigos y enemigos, donde tiene que superar pruebas constantemente. Su misión se convierte en crucial pues en sus manos estará la responsabilidad de vencer al Mal, de salvar el Mundo. Y lo logrará, no sin antes tener que combatir con su peor enemigo y perder algo muy querido en el camino. Y al final, no sufráis, el hombre convertido en héroe lo consigue. Y tiene el Mundo a sus pies.

descarga

Yo no soy ningún héroe (Dios me libre) pero gracias a mis mentores soy quien soy y gracias a ellos pienso como pienso. Cuando veo una película y trato de analizarla parto de una serie de premisas que no he aprendido en la escuela, ni leyendo, ni viendo cine. Las he aprendido de ellos. Este años van buenas películas a la batalla de los Oscar. Películas bien hechas, si, pero ninguna de ellas pasará a la historia del cine. Las nominaciones son ya demasiado previsibles y este año va, como casi siempre, repletas de biópics que rozan algún tema controvertido. Espero que no se repita con The Imitation Game (2014) el error de 12 años de esclavitud (2913). No cuentan nada. Igual de poco transcendentes, de poco profundas. Como mínimo The Imitation Game no se pasa 110 minutos contándonos lo triste que es la vida de ese genio homosexual. Aunque tampoco nos cuenta nada más interesante.

Creo que se cuente lo que se cuente en cualquier trabajo del mundo de la dramaturgia tiene que llevar consigo algún mensaje importante (y si no, como mínimo, ser entretenida hasta la medula). Hay que escribir desde las entrañas, desde el corazón, con cabeza y habilidad. Muchas cosas, lo sé. Y es difícil. Sobre todo cuando cada línea es peor que la anterior y no puedes contar exactamente lo que quieres. Me gustaría gritar, huir, golpear, llorar y lo que surja. Pero creo que me pasaré la noche escribiendo. Y eso mola. Mola mucho

X.SEGÚ

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