DOS MOMENTOS

CINE Todos

Aquello que parece imposible resulta algunas veces inevitable. Lo que sentimos muy lejos está a punto de tocarnos; lo que se va, vuelve. Lo que era menos ahora es más. Donde éramos protagonistas ahora no somos ni figurantes y, a la vez, somos figurantes con historia y somos de nuevo los protagonistas de algo distinto. Todo avanza como por arte de magia y aquello que tan poco soporto llamado tiempo se convierte en el mejor aliado. As time goes by, la gran canción que acompaña Casablanca, siempre tiene razón. Las cosas a veces no viven o mueren, solo duermen. Y despiertas de nuevo para descubrir que, contigo, hay muchas cosas que vuelven a su senda. Y cualquier cosa se convierte en historia. Todo lo que ves, lo que oyes, lo que te ocurre, lo que sientes, lo que vives. Todo, absolutamente todo, lo conviertes en la mejor historia de tu vida. Y a ti, voy a llamarte Inspiración.

Me habías dejado y has vuelto a mí para convertir en gozo lo que a veces puede ser una tortura. Porque mi lista de ideas estaba a rebosar de demasiadas cosas y no podía escribir ninguna de ellas. Porque contigo todo tiene sentido. Porque me atacas sin descanso y cuando pensaba que solo volvías por unas horas resulta que has decidido quedarte. No me dejas solo ni un momento. Parece imposible pero aquí estás y mientras mis dedos aguanten no voy a parar de escribir. Llevo demasiado esperándote, siendo mediocre, pero cuidado cariño, me he preparado a voluntad para cuando llegase el momento. No he parado de escribir. No he parado de pensar. No he parado de crear. Y ahora, tiene sentido. Podría escribir una novela del tirón porque aunque puedo trabajar (vivir) sin ti, contigo soy imparable. Así que me he preparado y estoy listo para el combate.

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¿Cómo controlar la inspiración si viene cuando le apetece? La inspiración te permite escribir desde el estómago y escribir desde el estómago es mejor que con el cerebro. El cerebro es demasiado previsible. El cerebro es para ordenar aquello que el estómago quiere vomitar y aunque siempre intento quitarle romanticismo al escribir lo cierto es que no sabía cuánto te había echado de menos hasta que has vuelto. Las ideas son un terreno pantanoso donde hay que ir con mucho cuidado. Una gran ciénaga donde equivocarse de camino se puede convertir en un error fatal. Tengo ideas a todas horas y no todas son buenas. E incluso cuando lo son, no todas sirven para ese personaje en el que estás trabajando. Para esa historia. Para ese argumento. Normalmente no puedo escribir con una idea. Aunque sea buena. Una idea puede convertirse en personaje, en estructura o argumento. Puede desarrollarse en una situación. Puedo hacer muchas cosas con una idea pero no escribir. Una buena idea necesita reposar. Una idea tiene que formarse poco a poco en tu cabeza, tiene que crecer. Esta idea la trabajas con el cerebro. Sin inspiración.

Pero todo esbozo necesita un detonante para convertirse en texto. Toda idea necesita de otra imagen. No necesita ser un personaje o un argumento. Debe ser una anécdota porque solo tiene que despertar a la primera. Así que mientras la primera idea ha dormido durante mucho tiempo y nos ha supuesto muchos quebraderos de cabeza porque no funcionaba (y no sabíamos por qué pero no funcionaba) la segunda es veloz y directa. La segunda idea surge del estómago y se convierte en pura dinamita. Provoca inspiración y nos empuja a escribir. Así que sea cual sea mi historia, algo tan estúpido como unas cuantas imágenes mentales que parecían no tener sentido desencadenan páginas y páginas escritas. Así pues: “Se quedó sentada en el suelo mirando la librería”, “Compartieron la misma manta de siempre”, “Parecía ser una de esas chicas que toma colacao en la cama”, “Paradojas por doquier” o “Entre dos nadas” se convierten en elementos imprescindibles para arrancar. Y entonces ya no necesitas nada más. Un lugar donde escribir y tiempo. No hay término medio. Nunca lo hay.

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En mi oficio tengo dos momentos llenos de magia. Aquellos dos momentos que me obligan a ser escritor, que me reconcilian con el mundo y me hacen sentir muy poderoso. Mi primer gran momento es precisamente este. Cuando una historia que lleva mucho tiempo en la incubadora despierta y cobra sentido. Cuando las piezas del puzle se juntan. Cuando no sabes muy bien por qué pero todo funciona. A ese momento mágico le debo la vida y todos y cada uno de los textos de ficción que he escrito. Mi segundo gran momento también es este (ahora). Cuando las manos van más rápido que la cabeza. Cuando los personajes hablan por mí. Cuando la historia se sucede y todo avanza sin necesidad de pensarlo. Cuando sientes que el argumento y los personajes te han poseído y solo tienes que aguantar el cansancio para seguir escribiendo porque sabes que si te detienes demasiado tiempo la magia va a terminar. Dos momentos. Una vida. Y eso mola. Mola mucho

X.SEGU

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