SOY UN PIOJO

lola de Bosch

Soy un piojo.

Un piojo grande y robusto que vive de cabeza en cabeza y sin problemas.

Cuando era pequeñito, una liendre, tuve la suerte de poder crecer en una cabeza con una frondosa melena.

El cabello sobre el que me puso mi mamá era un cabello fuerte y por mucho que se rascaran sobre el nunca se cayó y así me dio tiempo de hacerme grande y fuerte y me pude soltar.

Ahí empezó mi gran vida.

Un gran terreno para explorar.

Muchos cabellos donde poner mis huevos y dar vida a un sinfín de hijitos míos que con un poco de suerte también tendrían una vida próspera en la misma cabeza o en otra similar.

Muchos de ellos decidieron quedarse en la familia, pero otros más aventureros, saltaron con gran pericia a otras lindas cabecitas llenas de pelos.

Nunca habíamos sido tantos y tan felices. Pero hete aquí, que un día se oyó una voz que le decía a nuestra cabecita:

¿PERO POR QUÉ TE RASCAS TANTO?  AHHHHHHH, TIENES PIOJOS.

A duras penas nos pudimos salvar.

Empezaron a lavarle los pelos con algo que olía horriblemente. Luego, después del agua, le pusieron otro líquido que era peor que el primero.

Tuvimos que hacer las maletas rápidamente.

La inmensa mayoría murió antes de poder organizar la evacuación.

Perdí de vista a todos mis vástagos.

Habíamos vivido tan bien en aquella cabeza…

Durante un tiempo no paré de huir de una mata de pelos a otra.

Por lo visto aquella voz había comunicado nuestra existencia a todo aquel que se le acercaba y vivimos una temporada de verdadero horror.

Yo pude salvarme de todos los intentos de asesinarme.

Viví en lugares realmente extraños.

Estuve una temporada en un lugar con mucha agua. Las voces le llamaban playa. Era un lugar un tanto peligroso. En una ocasión, allí en la playa, subí a una cabeza hermosa, frondosa, maravillosa. Pues bien, al cabo de un rato de estar disfrutando de aquella maravilla, me pusieron algo encima que casi me ahoga. Después averigüé que lo que se había puesto era un gorro de baño y que fue este el que me salvó de morir ahogado en tanta agua como allí había.

Ahora vivo en una cabeza no muy frondosa, pero sí cómoda. No he puesto tantos huevos como en mi juventud porque los años no pasan en balde, pero aquí no me molestan.

Mis hijitos van libremente de una cabeza a otra e incluso pueden venir a visitarme.

Ellos también han crecido mucho y también tienen hijos. Es una alegría para una madre poder ver que su familia crece sin parar y que ya nadie les puede asesinar.

De todas maneras ellos están avisados y sabrán emprender la evacuación para que no les pase los que les pasó a cientos de sus hermanos hace una semana.

Lola de Bosch

 

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