IBA A SER, LA SIESTA PERFECTA (2ª PARTE)

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Dicen que son animales sociables. Que conviven con los humanos en sus viviendas. Que comen insectos y esas cosas, pero en casa se iba a morir de hambre y…………… volvemos a la ropa.

Debo cogerla como sea. No quiero matarla. No sé matar bien. No mato más que cosas que no hacen ruido ni sacan sangre cuando las chafas.

Soy incapaz de matar una cucaracha, hace ruido y mancha.

Las arañas, las recojo con algo y las dejo fuera de casa por el balcón. Si son como Spiderman, harán uso de sus habilidades y lanzarán un hilo que se enganchará a cualquier saliente y se salvarán.

A las hormigas si que las mato. Con el pié, con el dedo, lanzando spray mata hormigas, lo que sea. Me recuerdan a la marabunta y no les consiento que ellas puedan conmigo.

Que hago señora Francis? Sigue mirándome fijamente evaluando la situación. Estoy sola, nadie puede ayudarme. Cuatro de familia, siempre con gente en casa, y cuando hay una emergencia terrorífica como esta, estoy sola.

Son las seis de la tarde, aún faltan tres horas para que venga alguien. No puedo estar tres horas aguantando la mirada de un mini reptil.

Está situado justo entre la impresora y yo, así que de ir hacia el cajón del papel es una idea inútil, porque seguro que sale corriendo.

Le hablo, Oye, estarías mejor fuera. Seguro que tienes familia y si no vuelves te echarán de menos y vendrán a buscarte y entrarán todas por la ventana y la casa se llenará de bichos y cuando llegue mi familia me encontrarán en el suelo rodeada de salamanquesas que se me están com………

No entremos en fantasías de terror, pensemos.

Ya está. El mini cojín del sillón.

Bueno, se lo pongo encima y la inmovilizo. Cojo un papel de la impresora. O mejor busco un cartón. Mejor una cartulina. Se la paso por debajo del cojín intento que el bicho se quede entre el cojín y el cartón, y …

Si no sale bien me voy a cagar de asco otra vez.

Bueno, voy a intentarlo.

Cojín. Zas, encima, aprieto para que no se escape. La noto moviéndose debajo, me va a entrar el pánico. Estoy sudando.

Calma. No aflojes preciosa. Ahora abre el cajón y busca algo de cartón.

Ya lo tengo. La cartulina que guarda el seguro del ordenata.

Bien ahora la abro, saco los papeles, con una mano claro, porque la otra está apretando el cojín. Se sigue moviendo, quiere escapar.

Parece que esté jugando al Twister.

Ya tengo la cartulina plana, ahora a intentar ponerla debajo de animalito.

Oh cielos, se escapa. No, cojinazo otra vez. No vas a poder conmigo.

Miro hacia atrás y, oh, bien, gran idea.

Tengo la lámpara halógena de pié justo al lado.

Lo siento bicho pero creo que lamentablemente vas a morir.

Cojo la lámpara, primero aparto la mesa que he tirado antes del susto. Totalmente como jugar al Twister. Me hace gracia. Vaya posturas que puedo hacer.

La susodicha lámpara pesa un huevo.

Aguanto con los pies el cojín de forma que puedo descargar la lámpara encima de él.

La dejo caer con fuerza. Me he pillado un pié.

Pero el bicho sigue ahí. No se ha escapado.

Separo mi dolorido pié y acabo de ajustar la lámpara al suelo.

Aprieto con fuerza. Me da la impresión de que no he acabado con el.

Es igual. Voy a descansar.

Aflojo un poco, pero no me atrevo a dejarlo todo e ir a buscar un vaso de agua. Tengo mucha sed. Estoy sudando y casi me estoy mareando.

Mierda. Se escapa. Le veo sacar la cabeza por un lado.

Ahora si que no tengo nada más a mano.

Si aflojo seguro que sale disparada y no la podré volver a acorralar. Es lista.

Dios, no puedo quedarme así hasta que lleguen ellos. Dame ideas por favor.

Le he pisado la cabeza con el pié. Se ha escondido. Noto como pasea por debajo del cojín.

Debo serenarme.

A ver, si soy lo suficientemente rápida, si quito el cojín, y sin darle tiempo a reaccionar, le planto la lámpara encima, la puedo dejar como un sello de correos y acabar con esta historia por fin.

Allá voy. Fuera el cojín.

Para donde vaaa?.

Zas lamparazo.

Oh, una baldosa de terrazo a la mierda.

Y el bicho? Dónde está?

Ja, ja, ja

Como resalta sobre la pared blanca.

Me reta.

Cojo la lámpara. La coloco en posición horizontal. Me cargo la parte de atrás del armario. Es igual ya lo arreglaré. Apunto sobre el. Estrello la base de la lámpara en la pared, justo sobre el bicho prehistórico que me ha aterrorizado durante diez largos minutos.

Solo falta ponerle un marco y parecería una obra de arte sobre la blanca pared de mi pequeño rincón.

Cuando vengan los demás, que alguno me limpie la pared.

Mañana compraré pintura y que alguien arregle el desconchón y pinte de nuevo la pared…

Lola de Bosch

 

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