“Tiene que llover. Mi lucha: 5” de Karl Over Knausgård

Tiene que llover

Autor: Karl Over Knausgård
Editorial: Anagrama
Año: 2017
Páginas: 696
Autobiografía

De los años que captura este libro, apenas quedan unos pocos recuerdos, nos dice el autor. Y, por encima de todos, uno: el de la ignorancia, la ingenuidad, el fracaso. Y, sin embargo, en Tiene que llover un Knausgård concentrado y frontal exprime su prodigiosa capacidad evocativa para, cerrando el círculo, describir el camino por el que llegó a convertirse en el autor que conocimos con La muerte del padre, y dar vívido testimonio de los impedimentos, errores y tropiezos que contribuyeron a conformarlo.

Un camino que empieza, en 1988, donde terminaría catorce años más tarde: en Bergen, con un veinteañero Karl Ove convertido en el alumno más joven de la Academia de Escritura de la ciudad, y pletórico de un entusiasmo que no tarda en abandonarle. Y es que el precoz novelista se revela inepto en todos los frentes: el social, el amoroso, el literario. Sus textos son infantiles, están hechos de clichés, y Karl Ove combate (bebiendo, saliendo de esta, enzarzándose en peleas o coqueteando con la delincuencia) la lacerante constatación de no ser un escritor en absoluto.
Pese a ello, persiste: va a la universidad, envía algunos cuentos, cosecha algunos rechazos; descubre un talento inesperado para la crítica literaria. Y tras sus primeros romances frustrados, el amor: Tonje, con la que se casará, y junto a la que verá cómo, cuando ya casi no lo esperaba, se convierte en algo parecido al autor que siempre había anhelado ser. Hasta que la insatisfacción que también lo había perseguido siempre se imponga, dando un sonoro carpetazo a la época que se dibuja en este libro: un tiempo del 
que emerge completa la silueta de un hombre atormentado, contradictorio e imperfecto, cada vez más próximo a emprender el autoanálisis inmisericorde que le llevará a descubrir el alcance de su vocación, tan trabajosamente conquistada. El mismo autoanálisis al que los lectores de todo el mundo han asistido, imantados, a lo largo de una saga de ambición infrecuente y escala titánica, que con Tiene que llover (veloz, libre, esencial, desnudo) entrega otro volumen inolvidable muy cerca de la culminación definitiva.
En cuanto uno abre este libro y posa la vista en las primeras líneas de este relato queda inmediatamente magnetizado, a pesar de no encontrar una trama o conflicto muy claros. La historia no parece llevarnos a ninguna parte y sin embargo nos descubrimos recorriendo con avidez un párrafo tras otro sin objeto aparente. La torrencialidad de la escritura de Karl Ove se contagia a la lectura, que se convierte en una experiencia quasi-vivida para el lector. Pues, a la postre, ésa resulta ser la principal cualidad que ha seducido a miles de lectores en el mundo: su talento para hacernos “vivir” de forma vicaria sus andanzas con la misma avidez con que él las vivió: sin reflexión, sin sentido, sin parar. En definitiva, su facilidad para contagiarnos, sin más, su sed de vida con todas sus consecuencias.

Karl Ove Knausgård (1968) emprendió en 2009 un proyecto literario sin igual: su obra autobiográfica Mi lucha es una gran proeza; está compuesta por seis novelas, la última de las cuales fue publicada en otoño de 2011. Ha obtenido numerosos galardones en su país y una cantidad insólita de lectores, además de un gran número de traducciones. Anagrama ha publicado los cuatro primeros tomos, con extraordinaria acogida crítica: La muerte del padre: «Sorprende por su lucidez y profundidad; una obra seria, concienzuda» (Robert Saladrigas, La Vanguardia); «Un libro importante, un esfuerzo literario digno de admiración y un ejemplo de vocación literaria» (José María Guelbenzu, El País); Un hombre enamorado: «Gran literatura» (Alberto Manguel, El País); «Esa sensación, como en Roberto Bolaño, de que el autor se juega el pellejo en cada página, que se inmolaría en el altar de Odín por conseguir un pasaje perfecto» (Antonio Lozano, La Vanguardia); La isla de la infancia: «Una novela magistral. Mi lucha es una de las sagas literarias más hermosas de las últimas décadas. Knausgård ya se ha hecho un hueco entre los clásicos» (Rafael Narbona, El Mundo); «La primera gran catedral literaria del siglo XXI» (Enrique de Hériz, El Periódico); y Bailando en la oscuridad: «Una historia que hemos leído muchas veces pero nunca así, con una libido tan verdadera, con un sentimiento tan agudo del dolor marcado por la inexperiencia» (Anna Caballé, El País); «Cada nueva entrega es sublime, introspectiva, visceral y telúrica» (Ángeles López, La Razón). Ahora saca a la luz el quinto: Tiene que llover.

«A Knausgård se lo podría considerar el rey de la escritura automática contemporánea… Un torrente de palabras crudo y sin censurar que brota de un yo vulnerable y herido, un yo que la mayoría de nosotros reconoce en un grado u otro pero opta por proteger » (Siri Hustvedt).

«Se lee como el origen de la lucha de Knausgård: el paisaje lluvioso en el que se libra su combate con la identidad, el arte, la familia, el sexo y el conocimiento de uno mismo. Algunas escenas están entre las mejores y las más desafiantes de la obra hasta ahora, y las últimas doscientas páginas alcanzan un ritmo casi de thriller» (Stuart Evers, The Guardian).

«Vigorizante, exasperante y totalmente absorbente a partes iguales» (Robert Collins, The Sunday Times)

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