Posts Tagged ‘escribir’

La perfecta imperfección

junio 14, 2015

CINE Todos

Buscamos la perfección. Por definición aquello perfecto es insuperable, simplemente lo mejor, así que vamos en su persecución. Queremos ser el hijo perfecto, el mejor hermano, el amigo con respuestas, el amante que excita, el trabajador aplicado. Queremos tener un cuerpo escultural y un expediente inmaculado. Queremos ser la envidia de todos y no importa a lo que renunciemos en busca de nuestros objetivos.  No importa si por el camino dejamos de ser nosotros mismos. Nos consolamos pensando que no somos ni mejor ni peores, que simplemente somos distintos, Rebajamos nuestras expectativas, nos centramos en aquello por lo que podemos batallar, nos dejamos seducir por la cultura del “no seas uno más, tienes que ser el mejor” y renunciamos a principios que parecían inquebrantables. Trabajamos más horas de las que nos parecen apropiadas porque queremos ser los mejores, DEBEMOS serlo. Buscamos la perfección aunque dejemos de ser auténticos.

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Momentos de un editor (II)

junio 11, 2015

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ESPEJISMOS.

Domingo.

Esa primera hora de la tarde cuando el sol se apoltrona por todos los rincones del pueblo y busca con avidez adentrarse en lo más recóndito de las casas. Las puertas resisten en silencio a la persistente llamada del tórrido peregrino.

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Me quejo

mayo 17, 2015

CINE Todos

Me levanto quejándome porque tengo que ir a trabajar. Tomo café quejándome porque me he levantado justo de tiempo y no tengo más que unos pocos minutos para leer el periódico. Me quejo en horario laboral, me quejo porque me duele el hombro o porque estoy de mal humor. Me quejo porque no tengo tiempo de comer, me quejo porque me siento insatisfecho con mi trabajo o porque estoy orgulloso de él y no se me valora. Me quejo porque me paso el día trabajando, porque no tengo tiempo de tomarme una cerveza con los amigos. Tengo una reunión por la noche, me duele el hombro, me quejo. Llego a casa y no tengo sueño pero tampoco tengo la cabeza despierta para hacer nada de provecho. Me quejo. Me quejo porque tengo el móvil lleno de mensajes y tengo que contestar a todos ellos o me quejo porque no tengo ninguno y siento un vacío terrible. Me siento solo o acompañado. Me siento como no debería sentirme. No quiero dormir solo. Quiero que todo el mundo me deje en paz. Me duele el hombro. Me quejo. Me tomo un whisky, pongo una película y… no, entonces no me quejo.

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DOS MOMENTOS

abril 6, 2015

CINE Todos

Aquello que parece imposible resulta algunas veces inevitable. Lo que sentimos muy lejos está a punto de tocarnos; lo que se va, vuelve. Lo que era menos ahora es más. Donde éramos protagonistas ahora no somos ni figurantes y, a la vez, somos figurantes con historia y somos de nuevo los protagonistas de algo distinto. Todo avanza como por arte de magia y aquello que tan poco soporto llamado tiempo se convierte en el mejor aliado. As time goes by, la gran canción que acompaña Casablanca, siempre tiene razón. Las cosas a veces no viven o mueren, solo duermen. Y despiertas de nuevo para descubrir que, contigo, hay muchas cosas que vuelven a su senda. Y cualquier cosa se convierte en historia. Todo lo que ves, lo que oyes, lo que te ocurre, lo que sientes, lo que vives. Todo, absolutamente todo, lo conviertes en la mejor historia de tu vida. Y a ti, voy a llamarte Inspiración.

Me habías dejado y has vuelto a mí para convertir en gozo lo que a veces puede ser una tortura. Porque mi lista de ideas estaba a rebosar de demasiadas cosas y no podía escribir ninguna de ellas. Porque contigo todo tiene sentido. Porque me atacas sin descanso y cuando pensaba que solo volvías por unas horas resulta que has decidido quedarte. No me dejas solo ni un momento. Parece imposible pero aquí estás y mientras mis dedos aguanten no voy a parar de escribir. Llevo demasiado esperándote, siendo mediocre, pero cuidado cariño, me he preparado a voluntad para cuando llegase el momento. No he parado de escribir. No he parado de pensar. No he parado de crear. Y ahora, tiene sentido. Podría escribir una novela del tirón porque aunque puedo trabajar (vivir) sin ti, contigo soy imparable. Así que me he preparado y estoy listo para el combate.

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¿Cómo controlar la inspiración si viene cuando le apetece? La inspiración te permite escribir desde el estómago y escribir desde el estómago es mejor que con el cerebro. El cerebro es demasiado previsible. El cerebro es para ordenar aquello que el estómago quiere vomitar y aunque siempre intento quitarle romanticismo al escribir lo cierto es que no sabía cuánto te había echado de menos hasta que has vuelto. Las ideas son un terreno pantanoso donde hay que ir con mucho cuidado. Una gran ciénaga donde equivocarse de camino se puede convertir en un error fatal. Tengo ideas a todas horas y no todas son buenas. E incluso cuando lo son, no todas sirven para ese personaje en el que estás trabajando. Para esa historia. Para ese argumento. Normalmente no puedo escribir con una idea. Aunque sea buena. Una idea puede convertirse en personaje, en estructura o argumento. Puede desarrollarse en una situación. Puedo hacer muchas cosas con una idea pero no escribir. Una buena idea necesita reposar. Una idea tiene que formarse poco a poco en tu cabeza, tiene que crecer. Esta idea la trabajas con el cerebro. Sin inspiración.

Pero todo esbozo necesita un detonante para convertirse en texto. Toda idea necesita de otra imagen. No necesita ser un personaje o un argumento. Debe ser una anécdota porque solo tiene que despertar a la primera. Así que mientras la primera idea ha dormido durante mucho tiempo y nos ha supuesto muchos quebraderos de cabeza porque no funcionaba (y no sabíamos por qué pero no funcionaba) la segunda es veloz y directa. La segunda idea surge del estómago y se convierte en pura dinamita. Provoca inspiración y nos empuja a escribir. Así que sea cual sea mi historia, algo tan estúpido como unas cuantas imágenes mentales que parecían no tener sentido desencadenan páginas y páginas escritas. Así pues: “Se quedó sentada en el suelo mirando la librería”, “Compartieron la misma manta de siempre”, “Parecía ser una de esas chicas que toma colacao en la cama”, “Paradojas por doquier” o “Entre dos nadas” se convierten en elementos imprescindibles para arrancar. Y entonces ya no necesitas nada más. Un lugar donde escribir y tiempo. No hay término medio. Nunca lo hay.

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En mi oficio tengo dos momentos llenos de magia. Aquellos dos momentos que me obligan a ser escritor, que me reconcilian con el mundo y me hacen sentir muy poderoso. Mi primer gran momento es precisamente este. Cuando una historia que lleva mucho tiempo en la incubadora despierta y cobra sentido. Cuando las piezas del puzle se juntan. Cuando no sabes muy bien por qué pero todo funciona. A ese momento mágico le debo la vida y todos y cada uno de los textos de ficción que he escrito. Mi segundo gran momento también es este (ahora). Cuando las manos van más rápido que la cabeza. Cuando los personajes hablan por mí. Cuando la historia se sucede y todo avanza sin necesidad de pensarlo. Cuando sientes que el argumento y los personajes te han poseído y solo tienes que aguantar el cansancio para seguir escribiendo porque sabes que si te detienes demasiado tiempo la magia va a terminar. Dos momentos. Una vida. Y eso mola. Mola mucho

X.SEGU

Hablando de escribir: Marta Martínez Carro

febrero 13, 2015

Muertes inéditas. Este es el libro publicado por Marta Martínez Carro y a priori, antes de hablar con ella, pienso que no dista demasiado de una serie de estados de Facebook ordenados y preparados para ser leídos. Días más tarde siento vergüenza de ese primer análisis banal. Leo su blog, cerodeinteres , y pienso que aunque no dejan de ser vivencias contadas, que narices, están muy bien contadas. Hablamos durante unos cuarenta minutos. Marta me encanta, su forma de entender la escritura, su forma de comunicar, sus historias, su experiencia… Y aquí me encuentro, pensando que decir, que contar. ¿Cual es el reflejo de esa conversación? Eso es lo importante. Vamos a ello.

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EL MOMENTO

Marta me cuenta que ya no es aquella chica que escribió Muertes inéditas, que le ha costado mucho defender su obra una vez publicada, pero que, por supuesto, no se arrepiente de ella. Terminó el libro y en un momento de máxima exaltación lo mandó a tres o cuatro editoriales. Una de ellas respondió interesada. ¿Cuántos podemos decir lo mismo? El libro ha viajado de chica a chica y aunque no puedo negar que no formará parte de la lista de mis libros favoritos es un libro que cuenta la verdad. Una verdad concreta, incómoda y sobre todo, una verdad con muchos cojones (u ovarios). Y eso merece mi respeto. Merece el respeto de absolutamente todo el mundo.

Periodista de estudios y comunicadora por vocación Marta ha necesitado las historias desde su niñez. Me cuenta que dejó de escribir muchos años hasta que volvió a necesitarlo. La libertad que otorga es antónima a los cánones del periodismo así que imagino que para Marta fue muy importante reencontrarse con las historias. Aunque son sus historias, aunque trabaja desde su realidad, desde su momento, desde su verdad. ¿Hay algo más auténtico y sincero que esto?

Dice algunas cosas que son reiterativas como toda persona que de un modo u otro viva para escribir. Cuenta que leer es la clave para aprender a escribir. Que escribir es su modo de expresarse. Que escribir le permite cambiar. Y escribe desd el momento. El momento. Ella siente las historias en un momento concreto y las exprime. Son historias cortas, concretas y sencillas. Aunque ¡cuidado! sencillo no quiere decir vacio. Las historias de Marta explotan de contenido. Historias pequeñas sobre grandes momentos, grandes personas. Tenemos modos opuestos de escribir. Yo soy planificado, organizado y amante de la ficción. Ella es esporádica, concreta y amante de su verdad. Y aún así me pasaría un mundo entero escuchando sus palabras.

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COSAS QUE HABLAR

Marta utilizó la escritura para liberarse. La utilizó como terapia y ahora su terapia puede ser muleta de mucha gente. ¿Quién puede negar el sentido de este poemario? Su  blog vale su peso en oro, lo recomiendo encarecidamente. Vivimos mundos muy distintos. Ella es poesía y momento, yo soy prosa y temple. Quiero pensar que se encontró relajada mientras hablábamos. Quiero pensar que no se sentirá atacada por mis conclusiones. Marta: Escribe, lucha, cuenta y espero (por favor) que encuentres el modo de convertir tus relatos en novelas, porque eso si que será grande. Yo querré leerte. Al final tenemos muchas cosas en común. Nos morimos por contar, por explicar, por mostrar nuestra opinión. Y en eso ella es mucho más sincera que yo. Ambos vivimos por escribir las 24 horas del día. Eso nos acerca al mismo club. Y me gustaría formar parte del club de Marta. No tengo mucho más que añadir, aunque quisiera. En su libro, en su blog hay más verdad que en todo lo que yo pueda escribir. Yo tomo un carajillo, ella prefiere no tomar nada. Es cercana, sincera y, por supuesto, es veraz. Aunque no lo quisiera, lo tiene todo escrito.

“Si no creo en Dios ni en las uvas de la suerte de fin de año no veo por qué debería hacerlo en la felicidad como obligación o en la pena como inevitable. La vida no es un paraíso ni un jodido infierno. La vida es. Y eso es más que suficiente.” Marta Martínez Carro

X.SEGÚ

LA PÁGINA EN BLANCO, EL MENTOR Y THE IMITATION GAME

febrero 3, 2015

CINE TDS

Voy con retraso. Lo sé. Una de las ventajas de estas entradas es que son libres. Así que cuando ocurren cosas raras puedo pajarearme un poco. Y podéis preguntar ¿Y a mí que me importa si vas tarde o no? Pues porque mis problemas en la vida son, a la vez, herramienta y problema para escribir.

Quiero hablar de muchas cosas y no quiero alargarme así que voy al meollo. ¿Qué pasa cuando alguien como yo que pregona el “escribir, escribir y escribir” como herramienta básica para ser guionista/escritor/loquesurja sufre una crisis de página en blanco? Que se siente inútil. El miedo a la página en blanco no necesariamente quiere decir que no sepas que decir, o como contarlo. En mi caso se ha debido a dos cuestiones básicas: Cada frase era peor que la anterior y no era capaz de contar exactamente lo que quería. Este es mi cuarto borrador y puede que vengan muchos después. Pero puede que del problema surja la solución. ¿Cómo se vence a la página en blanco? Escribiendo. Puede que no vayan a ser mis mejores líneas y que no consiga transmitir lo que deseo con ellas pero aquí estoy, de nuevo desnudo y preparado para el asalto.

Tengo demasiadas cosas en la cabeza. Intento ordenarme y aislar mis problemas de estas líneas pero no soy capaz. Nunca lo he sido. Escribo según lo siento y demasiado condicionado por el momento. No me torturo por ello, normalmente la reescritura soluciona parte del problema (en cuanto a estilo y tono) y mis mejores historias han nacido de mis peores miedos, de algunos de los escondrijos de mi corazón y de cosas vividas. Y casi mejor me acepto, tengo que aguantarme lo que me queda de vida. He tenido muchos mentores en mi vida. El último, que por desgracia falleció, me enseño que nuestros peores defectos pueden ser también herramientas necesarias.

Yoda en La Guerra de las Galaxias, Gandalf en El Señor de los Anillos, Kesuke Miyagi en Karate Kid, Pai Mei en Kill Bill vol.2, Morfeo en The Matrix… Son los ejemplos más claros que he podido recordar aunque hay muchos más. Son los grandes mentores, aquellos personajes que enseñan a nuestro protagonista a convertirse en los mejores y trazan el camino de la gloria para ellos. Los mentores son mis personajes preferidos. Un mentor bien escrito transmite seguridad, severidad, confianza… El buen mentor es aquel que dibuja el futuro de nuestro protagonista y le ayuda a alcanzarlo. Un buen mentor lanza frases al estilo: “No tengas prisa, llegará tu momento” o “El destino ha escogido un viaje muy especial para ti”. Hay mentores un poco menos obvios. Uno de mis favoritos es Michel Caine en la trilogía del Caballero Oscuro. Un mentor sin medallas, sin poder. Un mentor fraternal que lanza frases como “hay gente que simplemente quiere ver arder el mundo”. Los mentores me ponen cachondo y como guionista, son la leche. Te permiten enseñar lo que quieras al protagonista sabiendo que en el momento de zozobra su voz en off nos descubrirá de nuevo sus enseñanzas y nos acompañara a la victoria.

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La figura del mentor funciona principalmente en un tipo de estructura llamada El ciclo del héroe. No es complicada, os la cuento y seguro que tenéis una película entre vuestras favoritas que cumple este paradigma. Para mí el mejor ejemplo es The Matrix, pero hay muchísimas. El rollo es el siguiente: Nuestro protagonista vive en una vida ordinaria y corriente. Se le plantea un gran desafío que rechaza, normalmente por miedo al cambio, pero aparece el mentor, que le enseña todo lo necesario para emprender el viaje y le induce a perder el miedo. Así que el protagonista acepta el desafío. Y se embarca en una misión donde conoce amigos y enemigos, donde tiene que superar pruebas constantemente. Su misión se convierte en crucial pues en sus manos estará la responsabilidad de vencer al Mal, de salvar el Mundo. Y lo logrará, no sin antes tener que combatir con su peor enemigo y perder algo muy querido en el camino. Y al final, no sufráis, el hombre convertido en héroe lo consigue. Y tiene el Mundo a sus pies.

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Yo no soy ningún héroe (Dios me libre) pero gracias a mis mentores soy quien soy y gracias a ellos pienso como pienso. Cuando veo una película y trato de analizarla parto de una serie de premisas que no he aprendido en la escuela, ni leyendo, ni viendo cine. Las he aprendido de ellos. Este años van buenas películas a la batalla de los Oscar. Películas bien hechas, si, pero ninguna de ellas pasará a la historia del cine. Las nominaciones son ya demasiado previsibles y este año va, como casi siempre, repletas de biópics que rozan algún tema controvertido. Espero que no se repita con The Imitation Game (2014) el error de 12 años de esclavitud (2913). No cuentan nada. Igual de poco transcendentes, de poco profundas. Como mínimo The Imitation Game no se pasa 110 minutos contándonos lo triste que es la vida de ese genio homosexual. Aunque tampoco nos cuenta nada más interesante.

Creo que se cuente lo que se cuente en cualquier trabajo del mundo de la dramaturgia tiene que llevar consigo algún mensaje importante (y si no, como mínimo, ser entretenida hasta la medula). Hay que escribir desde las entrañas, desde el corazón, con cabeza y habilidad. Muchas cosas, lo sé. Y es difícil. Sobre todo cuando cada línea es peor que la anterior y no puedes contar exactamente lo que quieres. Me gustaría gritar, huir, golpear, llorar y lo que surja. Pero creo que me pasaré la noche escribiendo. Y eso mola. Mola mucho

X.SEGÚ

SOBRE EL COSTE DE OPORTUNIDAD Y LA BRÚJULA DE COPPOLA

enero 25, 2015

CINE TDS

Esto sí, esto no. Ahora sí, ahora no. Ahora aquí y más tarde allá. ¿Ir o no ir? ¿Amar o dejar pasar? ¿Trabajar o descansar? ¿Blanco o negro, o gris? ¿Verde? ¿Violeta? ¿Azul? ¿Mar o montaña? ¿Sentir o pensar? ¿Corazón o cabeza? ¿Coger el tren o esperar en el andén? ¿VO o doblaje? ¿Cine o fútbol? ¿O un buen libro? ¿Ayer, hoy o mañana? Esto más corto, aquello más largo ¿Comedia o tragedia? ¿O una de terror? ¿Escribir o esperar? ¿Lo que quiero o lo que debo? ¿Controlar o perder el control?

Hace más de siete años escribí un texto no muy largo (y no muy bueno) para la que en aquel entonces era mi enamorada. Hablaba de un concepto que había aprendido en clase de economía, fíjate tú. Eso sí, economía aplicada a la empresa y nivel básico que en eso de los números y las fórmulas me pierdo con facilidad. Ese concepto me ha perseguido durante toda la vida y no precisamente como una bendición. Hay algo muy pesimista en ello. Algo que me atrae y que de un modo u otro creo que debo compartir. Se trata del coste de oportunidad. Y el coste de oportunidad no es ni más ni menos que aquello que escogemos no hacer. Ejemplo: Si tengo diez euros puedo ir al cine o comprarme… ¿que se compra con diez euros? Me puedo tomar un gin-tonic (Si hablamos de alcohol me sitúo muy rápido). El caso es que si voy al cine mi coste de oportunidad es el gin-tonic y si me tomo el cóctel mi coste de oportunidad será ir al cine. El coste de oportunidad nos cuenta aquello a lo que hemos renunciado. La cosa es mucho más complicada, claro está, pero el concepto es así de fácil.

Es una mierda de concepto. Me recuerda sin parar todo a lo que renuncio, las veces que me equivoco y la gran pregunta: ¿Qué hubiese pasado si…? Y vivir así no es bueno, os lo aseguro. Menosprecias lo que tienes por lo que podrías haber tenido, no disfrutas de lo que haces por lo que podrías haber hecho y tienes una constante sensación de culpa cada vez que no haces lo que se supone que debes hacer. Pero soy una persona extremadamente práctica y el coste de oportunidad me ayuda a no perderme. Mi cabeza dibuja un diagrama con flechas y colores. Todas mis opciones al descubierto. Y, simplemente, escojo la que me parece correcta. A veces me equivoco, a veces me enfado y algunas veces no cumplo pero como mínimo tengo claro qué es lo que he escogido. La vida es bastante más complicada que eso. Hay muchas veces que no puedes escoger. O veces en las que tienes que escoger sobre opciones perdedoras, y lo sabes. Y también están esas opciones que son como un movimiento de ajedrez; si yo hago esto pasara esto otro y yo entonces podre conseguir aquello siempre que no ocurra lo de más allá. ¿Y que tiene que ver el coste de oportunidad con el cine? Vamos a ello.

Hacer una película consiste en escoger sin parar de entre una infinidad de opciones (si, infinitas). ¿No me creéis? Cogemos un plano de cualquier película, la que os apetezca. ¿Donde está colocada la cámara? ¿Cómo es la estructura del plano? ¿Es un primer plano, un plano entero, conjunto? ¿Cámara en mano o estática? ¿Qué ropa lleva el personaje? ¿Tiene el fondo desenfocado? ¿Qué color predomina? ¿Cómo son los objetos que lo rodean? Todas estas preguntas, si el equipo es bueno, se han hecho antes de ir a grabar y las elecciones se deben a algo, nunca deben ser gratuitas. Cada plano debe transmitir algo. Debe tener una función más allá de mostrar. ¿Queremos transmitir seguridad, miedo, tranquilidad? ¿Debe ser un plano bonito? ¿Quedara bien en el conjunto de la secuencia? ¿Es coherente?

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La realidad es que cada pequeño detalle conlleva una gran cantidad de decisiones que dejan tras de sí un coste de oportunidad. Y muchas veces la diferencia entre una película horrorosa y una buena película depende de esos detalles. La diferencia entre una obra maestra y una buena película. La diferencia entre mostrar y contar. Francis Ford Coppola (el director de la trilogía de El Padrino, la conversación (1974) o Apocalypse Now (1979)) llevaba consigo una libreta a los rodajes. En esta libreta llevaba el guión diseccionado y separado por escenas. Cuando tenía que escoger cualquier decisión consultaba la libreta y esa era su brújula, la brújula de Coppola. Sus notas era algo parecido a esto: “No hay que tener prisa. En esta escena mostramos el momento clave de la vida de Michael Corleone. Debemos crear tensión. Fijar la mirada en la pistola. Es un personaje muy humano. Él no conduce la acción pero no lo perdemos nunca de vista”. Y con eso dirigía. Siempre que tenía que escoger cogía su brújula y se ceñía a aquello que había decidido antes del rodaje. Después hay que ser un genio, claro está, pero esta ya es otra historia.

Algo parecido ocurre al escribir. Cada palabra debe ser única, debe tener un sentido. Cuando escribo suelo hacerlo sin pensar demasiado así que no hay coste de oportunidad posible. Escribo lo que creo que hacen mis personajes, lo que creo que dicen, lo que creo que piensan. Lo que ocurre en un guión suele ser decisión directa de lo que mis personajes deciden hacer delante de una situación. Las escaletas me ayudan a dirigir ese camino y mis personajes suelen acatar la norma sin esfuerzo. Algo muy mágico sucede en el subconsciente, los personajes cobran vida pero no se despegan de ti. Y les diriges sin esfuerzo. Cuando esto sucede, es que vas por buen camino. Es en la re-escritura donde el coste de oportunidad aparece como una losa. Es al revisar lo escrito cuando empiezas a preguntarte si esa es la mejor frase, si has escogido el mejor camino. Mientras escribes solo intentas que todo fluya (me encanta este verbo) pero mientras diseñas la historia y al terminarla… el coste de oportunidad. ¿Cómo en la vida, no? Pensamos y diseñamos nuestro camino, con mimo y cuidado. Pensando en nosotros y en los que importan. ¿Y luego? Luego simplemente las cosas suceden, y no escoges una mierda. Y la vida te lleva por donde quiere y te sientes como un títere del… perdón, si que escogemos. Yo escojo mi coste de oportunidad, eso nadie me lo puede quitar. Y eso mola. Mola mucho.

X.SEGÚ

SOLO TRES CONSEJOS

enero 18, 2015

CINE TDS

¡Hazlo! No esperes a las vacaciones, a la semana que viene, a mañana. No esperes encontrar ese oasis donde cumplir tus sueños. Simplemente ve a por ellos. Lucha con fuerza y constancia, especialmente cuando sientas que no puedas más. Cuando no te acompañe el ambiente, el estado de ánimo o la inspiración. Entonces lucha con más fuerza. Pelea contra tus demonios y vence. Y siéntete poderoso. Conviértete cada día en  alguien distinto, más cerca de ser quien quieres ser, más lejos de quien se supone que debes ser. Y con ello serás feliz, y harás feliz a los demás. Y podrás dormir tranquilo y vivir en paz. Solo así, rompiendo con todo menos contigo mismo. Solo así es posible. Y si amigos, también hablo de escribir.

No hay mensaje que más repita a quien quiere escribir: ESCRIBE. Porque toda excusa es buena pero no conozco ninguna que sirva de nada. Solo existen tres secretos para todo aquel que quiera escribir un relato, una novela, una película, una serie, una obra de teatro… Solo tres secretos, tres pasos. No os voy a mentir, el viaje no es corto ni fácil. El viaje es una putada porque cuanto más avanzas más lejos te sientes de conseguirlo. Y os lo digo yo, que no he hecho más que empezarlo. Y la montaña es alta. Y aquí te sientes solo, y hace frio. Y entonces, ¿Por qué tú me das un consejo a mí? Podréis pensar. Si no has escrito un best-seller. Si no he visto nada tuyo en el cine. Si no conozco tu nombre de nada. Pues creo que es fácil. Yo ya he nadado en la mierda, he visitado mis demonios y me he tomado un carajillo con ellos. Y amigos… escribo. Y a veces, incluso vivo de ello.

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Primer consejo: ¿Cómo narices vais a escribir si no conocéis el medio? ¿Queréis ser novelistas? Pues a leer novelas. ¿Queréis escribir obras de teatro? Pues ve al teatro y lee los guiones de aquello que miras. ¿Quieres escribir cine o TV? Pues empápate de cine y TV. Parece obvio, ¿no? Pues es mi primer consejo. Conoce aquello que deseas hacer. Y no solo se trata de conocerlo. Debes ser un experto. Un experto en autores, en géneros y en estilos. Observa todo lo que puedas y cambia el chip. Entrena a tu cerebro para que piense veinticuatro horas al día en aquello por lo que luchas. Que todo sean historias, personajes, argumentos, situaciones  o desenlaces. Y no me vendas el cuento de que no tienes tiempo, de que te aburres, de que no te gusta. Entonces cierra el grifo y ataca otra cosa. No pierdas el tiempo. Si no te entusiasma no luches por ser mediocre.

Segundo consejo: Este es el bueno, el esencial y el más tonto de todos. Si quieres escribir, escribe. Si, si. Lo tenéis unas líneas mas arriba pero parece que hay que repetirlo hasta la saciedad. Porque la gente que quiere escribir y me dice que no lo hace… ¿Es que estamos tontos? ¿Qué es lo que no tienes? ¿Ideas? Pues entonces no vales, cambia de sueño. Pero si tienes ideas no necesitas nada más. Lo he comprobado. Cuantos alumnos me han dicho que eran incapaces de escribir rápido y acto seguido me han vomitado páginas y páginas con sus historias. Solo hay que tenerlo claro y atacar la página. Y escribir mucha mierda. Y mala. Pero escribe sin descanso. No quieras la novela de 3.000 páginas para empezar. Empieza con una historia pequeña. Con un personaje. Con un relato breve, con unas páginas. Y día a día, poco a poco y sin prisa llegaremos a aquello por lo que sueñas. Y recuerda, serás más feliz en la pelea que cuando la hayas ganado. Ganar es el premio. El trofeo. Pero ¿de qué sirve un trofeo si no para recordar cuan bello ha sido el camino?

Tercer consejo: Aquí viene el jodido. Este es el que hace que mucha gente que escribe tenga un problema capital; a nadie le importa lo que escribe. Mi tercer consejo es: aprende a ser crítico. Muy crítico. Con lo de los demás, pero sobretodo con lo tuyo. No tengas miedo al fracaso. Muestra tu texto y que lo juzguen, que lo insulten, que lo quemen por nefasto. Y aguanta la caída, y después te levantas, analizas y vuelves a empezar. Pero APRENDE por el camino. Si no, no dejaras de ser mediocre. Que cada vez que empieces algo nuevo sientas que estás mejorando lo anterior. Y permite que así sea. Aunque duela sentir que has tirado horas de trabajo por la borda. Porque no es cierto. Estás entrenando, estás aprendiendo. Aprende a ver las películas desde un ojo crítico. A leer novelas. A ver teatro. Crítico, siempre critico. ¿Por qué funcionan las cosas y porque no? ¿Por qué a veces ríen y a veces se duermen? ¿Por qué a veces lloran y a veces bostezan. No es poca cosa amigos. Muchas veces las respuestas no son absolutas pero que narices, lo relativo, también mola.

Una vez una actriz me contó que el único truco para interpretar es haber estado en la mierda. Sentir el ridículo y la vergüenza. Sentir que estas en el pozo. Que solo así puedes construir algo mejor porque lo superas, y pierdes el miedo, y te desnudas. Y te levantas fuerte. Y te sientes distinto. Y yo creo que es así. Porque este texto tiene truco. Es un engaño. Porque no hablo de escribir. No hablo solo de escribir. ¿Cómo vivimos? ¿Qué es vivir? Pues eso. Aprendemos de todo aquello que ocurre a nuestro alrededor. Vivimos porque no hay otro remedio pero se puede vivir o VIVIR, y yo prefiero lo segundo. Y nos equivocamos, y obramos mal. Y no nos controlamos y a veces todo salta por los aires. Y caemos al fondo del pozo, donde solo hay oscuridad y huele a mierda. Y pensamos que no podemos salir, y que eso es el fin. Pero lo hacemos. Salimos y cuando llegamos a la superficie podemos vernos a nosotros mismos en ese pozo. Y estamos orgullosos de haber salido. Y nuestro corazón lleva más cicatrices,  y nos sentimos menos niños pero somos más fuertes. Y así se escribe. Y así se vive. Y eso mola, mola mucho.

X.SEGÚ