Posts Tagged ‘guion’

“EL HOMBRE QUE CAYÓ EN LA TIERRA”, de Walter Tevis (Contraediciones)

octubre 11, 2016

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Contraediciones acaba de presentar esta novela que, si bien no es ninguna novedad, se trata de una auténtica rara avis, pues ha estado mucho tiempo sin editarse en lengua española (la última edición en español que conoce un servidor data de la década de los 80), y sin duda no suele citarse entre las más influyentes del género de la ciencia-ficción.

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“DALI AND DISNEY, DESTINO. The story, artwork and friendship”. El libro de arte del film de Dali y Disney

marzo 2, 2016

 

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De todos los enlaces acontecidos en Hollywood, la amistad entre Dalí y Walt Disney fue quizás el más extraño. Pero el genial pintor español y el pionero de la animación nacido en Chicago eran dos soñadores irredentos y auto-promotores tenaces. Cuando Disney encargó a Dalí un cortometraje basado en una balada de amor mexicana en 1945, el pintor se esmeró mucho más de lo que aquel esperaba.

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Visitad el 1er SALÓN DEL CINE Y LAS SERIES. Librería de la Imagen estaremos allí!

enero 26, 2016

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Librería de la Imagen participará con un stand en el 1er SALÓN DEL CINE y LAS SERIES de Barcelona, que empieza a celebrarse este fin de semana. Consultad la programación y adquirid las entradas aqui. Os esperamos!

Oscar 2016 (88ª Edición). ¿Cuáles son vuestr@s favorit@s?

enero 20, 2016

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A continuación os brindamos la lista de nominaciones de los Oscar 2016 y os invitamos a opinar sobre la misma, ¿quiénes pensáis que se merecen la estatuilla? Hagan sus apuestas 😉

Películas con más nominaciones:

El renacido (The Revenant) (12)
Mad Max: Furia en la carretera (10)
Marte (The Martian) (7)
Carol (6)
Spotlight (6)
El puente de los espías (6)
La gran apuesta (5)
Star Wars: El despertar de la fuerza (5)
La chica danesa (4)
La habitación (4)
Sicario (3)
Los odiosos ocho (3)
Brooklyn (3)
Del revés (Inside Out) (2)
Steve Jobs (2)
Ex Machina (2)
What Happened, Miss Simone? (1)
Winter on Fire (1)
Sanjay’s Super Team (1)
Mundo del mañana (1)

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“BLOOD, SWEAT AND BOND: BEHIND THE SCENES OF SPECTRE”, el making of de la nueva película de James Bond

enero 18, 2016

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Comisariado por el famoso fotógrafo Rankin, “Blood, Sweat and Bond: Behind the Scenes of SPECTRE” es el primer libro editado para documentar el rodaje de la nueva película de la saga Bond en todas sus facetas: actores, lugares, espectaculares acrobacias, efectos especiales…

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En este libro, Rankin reúne una impresionante colección de fotografías de los actores en el set y raros momentos fuera de cámara, con imágenes de los unit-photographers Jonathan Olley y Jasin Boland, y aportaciones especiales de los fotógrafos invitados Graciela Iturbide, Brigitte Lacombe, Anderson & Low y Mary McCartney. Esta increíble colección fotográfica captura toda la magia del proceso de producción del universo 007.

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Rankin ha trabajado en colaboración con EON Productions, productores de la franquicia, para explorar el regocijo, la pericia y los increíbles esfuerzos de todo el equipo para llevar a buen puerto este rodaje. Con comentarios exclusivos de todos los actores y equipo, incluidos por supuesto Sam Mendes y Daniel Craig, “Blood, Sweat and Bond: Behind the Scenes of SPECTRE” brinda a los fans de Bond una visión realmente única del personaje y sus aventuras. En exclusiva en Librería de la Imagen.

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“DRACULA, LA NOVEL.LA i LA LLEGENDA”, l’assaig definitiu sobre el mite del vampir més famós de la història

agosto 27, 2015

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La popular figura del comte Dràcula ha esdevingut essencial en l’imaginari popular. Aquest destacable assaig del doctor Leatherdale comença amb una recerca exhaustiva de la presència del vampir dins el folklore i la literatura occidentals. (more…)

“THE MAKING OF HITCHCOCK’s THE BIRDS”, el libro del rodaje del mítico filme (“Los pájaros”)

julio 21, 2015

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THE MAKING OF HITCHCOCK’s THE BIRDS” es el primer tratamiento en profundidad sobre la que algunos han considerado una obra de arte modernista, no sólo del cine sino de todas las disciplinas. (more…)

EL REFRITO DEL VERANO

julio 5, 2015

CINE Todos Llega el verano y me dispongo a escribir el artículo de los domingos. Ya son unos cuantos a la espalda y, a modo de reflexión, hoy me siento retrospectivo. Así que me he dedicado a releer todo lo escrito hasta ahora en este blog para, al terminar, encontrar la pregunta clave: ¿Para quién escribo? No trato de mejorar al realizarme esta pregunta, de hecho, no buscaba nada en especial. Solo volver a encontrarme con cada uno de los textos que son, en gran parte, momentos. El momento de escribirlo, de revisarlo, el momento en el que descubrí, en cada caso, de que quería hablar. Encontrar mi “yo” en cada texto, para recordar quién era en cada texto y quién soy ahora. Y como vosotros no tenéis que sufrir mi venazo narcisista y ególatra, la reflexión personal me la guardo y decido atacar la importante. ¿Para quién escribo? (more…)

POR FASCÍCULOS… 19 DE JUNIO DEL 2015

junio 19, 2015

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– Cinemanía nos presenta su lista: Las 12 películas más infravaloradas de los 80 . Un buen momento para revisar trabajos como Caído del cielo (Dennis Hopper, 1980) o No matarás… al vecino (Joe Dante, 1989)

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¿Pasar página? Y una mierda

mayo 24, 2015

CINE Todos

Pasamos página. Incluso ante el mejor momento de nuestra novela favorita pasamos página. Incluso cuando no queremos que la historia termine pasamos página. A veces devoramos las páginas y otras las saboreamos como si de un dulce se tratara pero al final, siempre pasamos página. Y avanzamos. Y aquello que se queda atrás no desaparece porque continua impreso y podemos volver a ello cuando queramos pero, desengañaos, ya nunca será lo mismo porque no será auténtico. Las páginas se escriben para ser leídas una primera vez. Para que línea a línea, palabra a palabra, descubramos la historia. Porque ver una película por segunda vez nunca es lo mismo, porque leer Cementerio de animales una vez más es distinto, porque volver atrás nunca funciona. Nunca funciona, ¿no?. Y una mierda.

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La partida de ajedrez, las historias perdidas y las notas de mí pared

mayo 3, 2015

CINE Todos

Pensé que el ajedrez se parecía a la vida. ¡Vaya un imbécil! Me gusta el ajedrez. Cada una de las 64 casillas. El blanco. El negro. Me gusta el peón, el alfil y la reina. Las aperturas, los enroques, los ataques por flanco, la defensa india de reina, los sacrificios, las clavadas. Me gusta que lleve tiempo y me gusta forzar la mente a calcular variables aun sabiendo que nunca podré calcular ni un uno por ciento del total de las posibilidades. Me gusta perder sin haberme equivocado y ganar sin despiste del rival. Y ¡Por Dios! Me gusta el ritual. Me gusta colocar las piezas poco a poco, mirar al rival, parecer un caballero y empezar el juego. Me gusta que la emoción marque una jugada y intentar ganar con psicología. Me gusta no ser mejor pero parecerlo. Me gusta no dudar. Me gusta vencer y que narices, aunque ponga cara de: “Bien jugado” me encantaría reventar el tablero contra una pared cuando pierdo. Me gusta el ajedrez. 1.e2-e4.

“La tabla de Flandés” es uno de mis libros favoritos y “En busca de Bobby Fisher” siempre me ha parecido una película extraordinaria. El ajedrez es el deporte por excelencia donde “solo” hay que usar la cabeza y el azar está fuera de la ecuación. Un imaginario perfecto. Algo tan bello que debe estar alejado de la realidad. Cualquier alegoría entre la vida y el ajedrez es estúpida y sin embargo… No puedo evitarlo. El ajedrez tiene un componente tranquilizador: Las piezas están a la vista, perfectamente situadas para el análisis. Se mueven bajo unas normas establecidas y no pueden salir de su ruta. En el ajedrez lo que debe ser, será. Aunque las posibilidades son prácticamente infinitas los componentes son 32. 32 piezas, nada más. Las vida es algo más complicada. No hay normas, no hay tablero y los personajes nos regimos por cualquier cosa excepto movimientos pautados. …e7-e5

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Cuando escribo un guión intento tener claro el esquema. Me proporciona una sensación de seguridad que necesito para trabajar y, si debo perderme en la historia y andar senderos que creía no iba a explorar, como mínimo espero tener un esbozo, una guía que me permita analizar los cambios propuestos. Dibujo la línea temporal, describo a los personajes y los espacios. Intento ordenar la historia por unidades narrativas… Conozco la teoría y al terminar intento ver si mi historia se aproxima más al paradigma de Popp, al de Syd Field o al ciclo del héroe. Antes de ponerme a escribir intento tener la sensación de que aquello que funciona en mi imaginario conduce a algo. Intento moverme por un terreno que me resulte familiar. 2. Cg2 – f3

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Las partidas de ajedrez, en manos inexpertas, suelen abandonar cualquier lógica con facilidad. Las piezas se mueven sin sentido y se cometen errores de bulto. La sensación de control desaparece y sobre el terreno reina el caos. Yo no soy jugador de ajedrez pero si que intento ser dramaturgo. No importa cuánto hayas trabajado antes de empezar, tardarás muy poco en sentirte perdido y lo que parecía el mejor conflicto de la historia de la literatura se convierte en una versión anodina de algo que ya utilizaba Shakespeare. Empiezas a descubrir personajes que no son coherentes y situaciones que no se sostienen. Se tambalea el mundo que has creado y, por si todo esto no bastara, empiezas a sentir que no tienes ni tono ni estilo para aquello que estás escribiendo. Y eso en el mejor de los casos. Lo más probable es que no encuentres esa primera frase que te permite arrancar o que tardes más en escribir el primer capítulo de lo que eres capaz de soportar. Y si coges una noche buena y te parece que aquello es digno de ser publicado, tranquilo, despertarás al día siguiente, leerás el resultado y sentirás que eres el peor dramaturgo de la humanidad. Perviertes la partida y empiezas a rehacer lo planteado en bolígrafo rojo, con muchos tachones, con muchos cambios. Empezaste con la intención de hablar sobre cuán efímera parece la vida y acabas con una comedia romántica de tres al cuarto donde tu protagonista es el guapo de la universidad y la afortunada es la mejor amiga de la cheerleader. Y en esos momentos solo intento tener la palangana cerca. …Cb8 – c6

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Y es cuando me encuentro en esa tesitura que debo escoger entre dos opciones: O mando la historia al garete o lucho por ella. No es siempre una cuestión de valentía, algunas veces nos encontramos en un callejón sin salida. Algunas veces simplemente hay que aceptar la derrota y dejar caer al rey, abandonar la historia, vaciar las paredes de esquemas y notas y volver a empezar, con algo nuevo, con algo fresco. Algunas veces nos metemos en caminos que no conducen a ningún lado. Hay que ser cabezón e intentar salir adelante pero si para algo nos sirve el sentido crítico es para darnos cuenta de que a veces lo mejor es abandonar. Pienso en mis historias perdidas, aquellas que maté antes incluso de haber empezado. Pienso en aquellas partidas que sabes que vas a perder en apenas unos movimientos y en cuantas y cuantas veces he tumbado mi rey. Pienso en la vida, y en las cosas que no he terminado, en las decisiones que no he tomado, en las historias que he truncado. Pienso en todas aquellas cosas a las que he renunciado. Trabajos, viajes, momentos, mujeres… Pienso en todo ello y, acto seguido, recuerdo que la pared de mi habitación nunca está vacía porque cuando arranco las notas de algo que no puedo escribir siempre es para empezar algo nuevo. Y eso mola. Mola mucho.

X.SEGÚ

Entre personaje y autor

abril 26, 2015

CINE Todos

Lo siento. Me disculpo por no haceros justicia, por no saber describiros, por no tener las palabras exactas para contar lo que sois. Por contar vuestras intimidades y miedos más profundos sin pedir permiso. Venís a mí por arte de magia, sin pedir nada a cambio. Os aparecéis entre la multitud, como una suma de incontables detalles que cobran sentido sin esfuerzo alguno. La sonrisa del camarero al verme de nuevo en su terraza, el pelo de una mujer desnuda sobre mi pecho, una frase sin importancia que oigo en conversación ajena, un hombre que pasea, la luz reflejada en un escaparate… Me contáis todo lo que debo saber sobre vosotros: Vuestro pasado, vuestros sueños, aquello que escondéis en el más oscuro baúl de vuestra memoria. Os desnudáis mostrando cuan vulnerables podéis llegar a ser y os armáis de valor para emprender el viaje que vaya a escoger para vosotros. Nunca falláis, aunque a veces os obstináis en llevarme la contraria, en explicarme que estaba equivocado y que aquello que tengo esbozado para vosotros no es verosímil, o no es lo mejor. Siento pavor cuando tengo que contar vuestro final, cuando llego al capítulo en el que sé que no podéis seguir adelante. Me estremezco al veros sufrir y lloro ante la ternura de vuestros amores. Lo podéis conseguir todo. Vosotros sois pura magia, sois la ostia. Vosotros sois mis personajes y solo quiero disculparme por no poder escribiros mejor.

Tengo una historia que contar. Lleva conmigo más de cinco años. Recuerdo perfectamente el día en que todo empezó, con la sencillez con la que siempre empieza todo. Vislumbré una cabaña en  mi mente, un pequeño refugio en medio de un interminable bosque frondoso donde los días son largos y las noches eternas. Donde no hay caminos, donde el tiempo y el espacio no siguen las normas establecidas. De la chimenea, un humo espeso y reconfortante, frente a ella, un extraño decidido a entrar y descubrir quién hay en su interior. Allí te conocí a ti, protagonista. Supe que eras rubio y que llevabas cazadora. Nada más. Tenía la sensación de que llevabas tiempo buscando esa cabaña y que, ahora que la tenías delante, sentías que algo se estremecía en tu interior. El viaje había sido largo y difícil. Como todo gran viaje. La puerta se abre, sola. Entra colega, yo te ayudo.

Las apariencias engañan y lo que parecía ser un pequeño refugio es en realidad un espacio eterno, plagado de estanterías llenas de libros. Tantos libros como personas hay en el mundo. El laberinto de libros produce una extraña sensación de paz. El Sol se cuela entra la arboleda y penetra por las ventanas. El polvo dibuja la luz y las sombras escorzan la estancia. No sé cuanto tiempo pasarás en ese laberinto de papel y madera pero en algún momento, cerca de una pared, o puede que en medio de la nada, encontrarás un hombre sentado  frente una gran mesa. Una especie de ermitaño que solo puedes ver de espaldas. Por los trazos, parece que está escribiendo, con sumo cuidado. Lleva consigo los estragos de la edad pero a la vez parece inmortal. El ermitaño será tu antagonista.

Y no hay mucho más que contar. La imagen quedó grabada en mi mente y durante cinco años se ha negado a desaparecer. Poco a poco he sentido a los personajes mas cerca y con extrema paciencia he dibujado un camino para ellos. Y por fin, no hace más que unos días empecé a estructurar tu historia. No eres más que un diagrama a medias en la pared de mi habitación y, sin embargo, lo eres todo para mí. Voy a contar tu historia y lo siento si no lo hago como se merece. No soy ni la mitad de escritor de lo que la historia requiere pero solo tengo dos opciones: Escribir o dejar que mueras. Tengo una historia y voy a contarla. Y eso es todo, de momento. Y eso mola. Mola mucho.

X.SEGÚ

DOS MOMENTOS

abril 6, 2015

CINE Todos

Aquello que parece imposible resulta algunas veces inevitable. Lo que sentimos muy lejos está a punto de tocarnos; lo que se va, vuelve. Lo que era menos ahora es más. Donde éramos protagonistas ahora no somos ni figurantes y, a la vez, somos figurantes con historia y somos de nuevo los protagonistas de algo distinto. Todo avanza como por arte de magia y aquello que tan poco soporto llamado tiempo se convierte en el mejor aliado. As time goes by, la gran canción que acompaña Casablanca, siempre tiene razón. Las cosas a veces no viven o mueren, solo duermen. Y despiertas de nuevo para descubrir que, contigo, hay muchas cosas que vuelven a su senda. Y cualquier cosa se convierte en historia. Todo lo que ves, lo que oyes, lo que te ocurre, lo que sientes, lo que vives. Todo, absolutamente todo, lo conviertes en la mejor historia de tu vida. Y a ti, voy a llamarte Inspiración.

Me habías dejado y has vuelto a mí para convertir en gozo lo que a veces puede ser una tortura. Porque mi lista de ideas estaba a rebosar de demasiadas cosas y no podía escribir ninguna de ellas. Porque contigo todo tiene sentido. Porque me atacas sin descanso y cuando pensaba que solo volvías por unas horas resulta que has decidido quedarte. No me dejas solo ni un momento. Parece imposible pero aquí estás y mientras mis dedos aguanten no voy a parar de escribir. Llevo demasiado esperándote, siendo mediocre, pero cuidado cariño, me he preparado a voluntad para cuando llegase el momento. No he parado de escribir. No he parado de pensar. No he parado de crear. Y ahora, tiene sentido. Podría escribir una novela del tirón porque aunque puedo trabajar (vivir) sin ti, contigo soy imparable. Así que me he preparado y estoy listo para el combate.

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¿Cómo controlar la inspiración si viene cuando le apetece? La inspiración te permite escribir desde el estómago y escribir desde el estómago es mejor que con el cerebro. El cerebro es demasiado previsible. El cerebro es para ordenar aquello que el estómago quiere vomitar y aunque siempre intento quitarle romanticismo al escribir lo cierto es que no sabía cuánto te había echado de menos hasta que has vuelto. Las ideas son un terreno pantanoso donde hay que ir con mucho cuidado. Una gran ciénaga donde equivocarse de camino se puede convertir en un error fatal. Tengo ideas a todas horas y no todas son buenas. E incluso cuando lo son, no todas sirven para ese personaje en el que estás trabajando. Para esa historia. Para ese argumento. Normalmente no puedo escribir con una idea. Aunque sea buena. Una idea puede convertirse en personaje, en estructura o argumento. Puede desarrollarse en una situación. Puedo hacer muchas cosas con una idea pero no escribir. Una buena idea necesita reposar. Una idea tiene que formarse poco a poco en tu cabeza, tiene que crecer. Esta idea la trabajas con el cerebro. Sin inspiración.

Pero todo esbozo necesita un detonante para convertirse en texto. Toda idea necesita de otra imagen. No necesita ser un personaje o un argumento. Debe ser una anécdota porque solo tiene que despertar a la primera. Así que mientras la primera idea ha dormido durante mucho tiempo y nos ha supuesto muchos quebraderos de cabeza porque no funcionaba (y no sabíamos por qué pero no funcionaba) la segunda es veloz y directa. La segunda idea surge del estómago y se convierte en pura dinamita. Provoca inspiración y nos empuja a escribir. Así que sea cual sea mi historia, algo tan estúpido como unas cuantas imágenes mentales que parecían no tener sentido desencadenan páginas y páginas escritas. Así pues: “Se quedó sentada en el suelo mirando la librería”, “Compartieron la misma manta de siempre”, “Parecía ser una de esas chicas que toma colacao en la cama”, “Paradojas por doquier” o “Entre dos nadas” se convierten en elementos imprescindibles para arrancar. Y entonces ya no necesitas nada más. Un lugar donde escribir y tiempo. No hay término medio. Nunca lo hay.

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En mi oficio tengo dos momentos llenos de magia. Aquellos dos momentos que me obligan a ser escritor, que me reconcilian con el mundo y me hacen sentir muy poderoso. Mi primer gran momento es precisamente este. Cuando una historia que lleva mucho tiempo en la incubadora despierta y cobra sentido. Cuando las piezas del puzle se juntan. Cuando no sabes muy bien por qué pero todo funciona. A ese momento mágico le debo la vida y todos y cada uno de los textos de ficción que he escrito. Mi segundo gran momento también es este (ahora). Cuando las manos van más rápido que la cabeza. Cuando los personajes hablan por mí. Cuando la historia se sucede y todo avanza sin necesidad de pensarlo. Cuando sientes que el argumento y los personajes te han poseído y solo tienes que aguantar el cansancio para seguir escribiendo porque sabes que si te detienes demasiado tiempo la magia va a terminar. Dos momentos. Una vida. Y eso mola. Mola mucho

X.SEGU

SOBRE LA GRAN NOCHE DEL CINE Y LAS INJUSTICIAS DEL TÍO OSCAR

febrero 22, 2015

CINE TDS

Cadena Perpetua (1994) o Pulp Fiction (1994). Uno de los nuestros (1990). E.T (1982), Apocalypse Now (1979), Ciudadano Kane (1941), Cantando bajo la lluvia (1952), Centauros del desierto (1956), Taxi Driver (1977), Toro Salvaje (1980), Psicosis (1960)… Estos son algunos de los ejemplos de grandes películas que no se llevaron el Oscar. Películas que han pasado a la historia del séptimo arte y que simplemente merecían el máximo reconocimiento de la Academia. Para mí eso debería de ser los Oscar. ¿Qué película pasará a la posteridad? Esa debería ser la gran pregunta. De ese modo los Oscars conseguirían convertirse en una especie de guía para ver cine. Cualquier novato en el Mundo del Cine sólo tendría que coger la lista de todos los vencedores e ir repasando la historia del cine año por año para encontrarse Obras Maestras. Una detrás de otra, Non-Stop. Los mejores directores, los mejores actores, las mejores actrices, los mejores guiones… Pero Hollywood es una industria y el dólar vale más que el prestigio de hacer las cosas bien hechas.

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Claro que hay años donde escoger seria duro. Ojala siempre fuera así. Dos o tres películas luchando por entrar en la historia de un premio que debería ser más de lo que es. Y también habría años donde el vencedor sería el mejor de los mediocres. Pero aún así, el Tío Oscar es muy injusto. Crash (2005) se llevó la estatuilla. ¿Qué mierda es esta? Slumdog Millonaire (2008), La vuelta al mundo en 80 días (1956), En Tierra hostil (2007), 12 años de esclavitud (2014), ¡Que verde era mi valle! (1941)… Aquí algunos de los ganadores mas mediocres de la historia. Y la lista es mucho más larga. Suerte que el tiempo coloca las cosas en su lugar y, al final, a nadie le importa si la película ganó el Oscar porque todo el mundo sabe que ese premio no significa una mierda. La gran noche del cine no es nada más que un escaparate de distribuidoras y productoras que luchan para ser los más listos.

Este año es de los mediocres. No veo de entre las nominadas ninguna película que vaya a pasar a la posteridad. Y llegados a este punto, ¿a quién deberían premiar? Pues es fácil, o ayudas a grandes personajes de la historia del cine a convertirse en leyenda: Wes Anderson para El gran Hotel Budapest o Clint Eastwood con El Francotirador (imposible que ninguna de las dos se lleve el Oscar) o premias al más arriesgado, al que ha roto los moldes y merece un reconocimiento por ello. Boyhood ha sido rodada durante muchos años para contar el paso de la infancia a la madurez de una persona. No es una gran película pero puede que sea la que más lo merece. Si la Academia no ha esnifado demasiada cocaína y convierte a Birdman en la vencedora de la noche… Boyhood va a conseguir el Oscar a mejor película y Richard Linklater la estatuilla al mejor director. Queda una tercera opción. Mejor director para Alejandro González Iñarritu (Birdman) y mejor película para Boyhood. Que más dará… Ninguna de las dos lo merece.

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Será año de mucho reparto, sin una clara vencedora. Eddie Redmayne (La teoría del todo) se llevara el mejor actor, Rosamund Pike (Perdida) será la mejor actriz, The Imitation Game el mejor guión adaptado y (espero) El Gran Hotel Budapest se conformará con la mejor banda sonora y puede que algún premio artístico. Y si fallo… mañana lo sabremos. No es un gran año, no me importa fallar. No voy con nadie porque nadie lo merece a lo grande. Sera otro año de pequeñas películas en la industria. Y puedo equivocarme pero solo el tiempo me quitará la razón y como no tengo intención de llegar a viejo… Pues eso. No creo que dentro de cincuenta años nadie recuerde una sola película de este año como una gran película de la historia. Obras menores para Fincher y Nolan. Una más para Clint Eastwood…

Esta noche lo sabremos. Esta noche tenemos una cita con el Tío Oscar. Hablaremos de los mejores vestidos, de la gala y de cuan imbéciles pueden llegar a ser los analistas de Canal Plus. De cine mejor hablamos otro día. Total, solo somos cuatro los que vemos la gala por su teórico valor cinematográfico. Y cada año pensamos que ese año sí, que habrá justicia. Pero la justicia no existe si la bolsa de dólares es muy grande. Mejor Película. Mejor Director. Mejor Fotografía. Mejor Guión. ¿Parece fácil verdad? Pues es lo que menos importa.

Por cierto, vuelvo a escribir como un tren de alta velocidad. Vuelvo a tener ideas a todas horas. Vuelve a faltarme el tiempo. Vuelvo a amar lo que hago. Que nada ni nadie se acerque a mi camino que me distraigo con facilidad y en mi camino solo hay espacio para mi ego y para mi (Bueno, admito visitas). ¿Vives para trabajar o trabajas para vivir? Amo mi trabajo imbécil, así que simplemente quiero a mi trabajo en mi vida. Y eso mola. Mola mucho.

X.SEGÚ

LA PÁGINA EN BLANCO, EL MENTOR Y THE IMITATION GAME

febrero 3, 2015

CINE TDS

Voy con retraso. Lo sé. Una de las ventajas de estas entradas es que son libres. Así que cuando ocurren cosas raras puedo pajarearme un poco. Y podéis preguntar ¿Y a mí que me importa si vas tarde o no? Pues porque mis problemas en la vida son, a la vez, herramienta y problema para escribir.

Quiero hablar de muchas cosas y no quiero alargarme así que voy al meollo. ¿Qué pasa cuando alguien como yo que pregona el “escribir, escribir y escribir” como herramienta básica para ser guionista/escritor/loquesurja sufre una crisis de página en blanco? Que se siente inútil. El miedo a la página en blanco no necesariamente quiere decir que no sepas que decir, o como contarlo. En mi caso se ha debido a dos cuestiones básicas: Cada frase era peor que la anterior y no era capaz de contar exactamente lo que quería. Este es mi cuarto borrador y puede que vengan muchos después. Pero puede que del problema surja la solución. ¿Cómo se vence a la página en blanco? Escribiendo. Puede que no vayan a ser mis mejores líneas y que no consiga transmitir lo que deseo con ellas pero aquí estoy, de nuevo desnudo y preparado para el asalto.

Tengo demasiadas cosas en la cabeza. Intento ordenarme y aislar mis problemas de estas líneas pero no soy capaz. Nunca lo he sido. Escribo según lo siento y demasiado condicionado por el momento. No me torturo por ello, normalmente la reescritura soluciona parte del problema (en cuanto a estilo y tono) y mis mejores historias han nacido de mis peores miedos, de algunos de los escondrijos de mi corazón y de cosas vividas. Y casi mejor me acepto, tengo que aguantarme lo que me queda de vida. He tenido muchos mentores en mi vida. El último, que por desgracia falleció, me enseño que nuestros peores defectos pueden ser también herramientas necesarias.

Yoda en La Guerra de las Galaxias, Gandalf en El Señor de los Anillos, Kesuke Miyagi en Karate Kid, Pai Mei en Kill Bill vol.2, Morfeo en The Matrix… Son los ejemplos más claros que he podido recordar aunque hay muchos más. Son los grandes mentores, aquellos personajes que enseñan a nuestro protagonista a convertirse en los mejores y trazan el camino de la gloria para ellos. Los mentores son mis personajes preferidos. Un mentor bien escrito transmite seguridad, severidad, confianza… El buen mentor es aquel que dibuja el futuro de nuestro protagonista y le ayuda a alcanzarlo. Un buen mentor lanza frases al estilo: “No tengas prisa, llegará tu momento” o “El destino ha escogido un viaje muy especial para ti”. Hay mentores un poco menos obvios. Uno de mis favoritos es Michel Caine en la trilogía del Caballero Oscuro. Un mentor sin medallas, sin poder. Un mentor fraternal que lanza frases como “hay gente que simplemente quiere ver arder el mundo”. Los mentores me ponen cachondo y como guionista, son la leche. Te permiten enseñar lo que quieras al protagonista sabiendo que en el momento de zozobra su voz en off nos descubrirá de nuevo sus enseñanzas y nos acompañara a la victoria.

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La figura del mentor funciona principalmente en un tipo de estructura llamada El ciclo del héroe. No es complicada, os la cuento y seguro que tenéis una película entre vuestras favoritas que cumple este paradigma. Para mí el mejor ejemplo es The Matrix, pero hay muchísimas. El rollo es el siguiente: Nuestro protagonista vive en una vida ordinaria y corriente. Se le plantea un gran desafío que rechaza, normalmente por miedo al cambio, pero aparece el mentor, que le enseña todo lo necesario para emprender el viaje y le induce a perder el miedo. Así que el protagonista acepta el desafío. Y se embarca en una misión donde conoce amigos y enemigos, donde tiene que superar pruebas constantemente. Su misión se convierte en crucial pues en sus manos estará la responsabilidad de vencer al Mal, de salvar el Mundo. Y lo logrará, no sin antes tener que combatir con su peor enemigo y perder algo muy querido en el camino. Y al final, no sufráis, el hombre convertido en héroe lo consigue. Y tiene el Mundo a sus pies.

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Yo no soy ningún héroe (Dios me libre) pero gracias a mis mentores soy quien soy y gracias a ellos pienso como pienso. Cuando veo una película y trato de analizarla parto de una serie de premisas que no he aprendido en la escuela, ni leyendo, ni viendo cine. Las he aprendido de ellos. Este años van buenas películas a la batalla de los Oscar. Películas bien hechas, si, pero ninguna de ellas pasará a la historia del cine. Las nominaciones son ya demasiado previsibles y este año va, como casi siempre, repletas de biópics que rozan algún tema controvertido. Espero que no se repita con The Imitation Game (2014) el error de 12 años de esclavitud (2913). No cuentan nada. Igual de poco transcendentes, de poco profundas. Como mínimo The Imitation Game no se pasa 110 minutos contándonos lo triste que es la vida de ese genio homosexual. Aunque tampoco nos cuenta nada más interesante.

Creo que se cuente lo que se cuente en cualquier trabajo del mundo de la dramaturgia tiene que llevar consigo algún mensaje importante (y si no, como mínimo, ser entretenida hasta la medula). Hay que escribir desde las entrañas, desde el corazón, con cabeza y habilidad. Muchas cosas, lo sé. Y es difícil. Sobre todo cuando cada línea es peor que la anterior y no puedes contar exactamente lo que quieres. Me gustaría gritar, huir, golpear, llorar y lo que surja. Pero creo que me pasaré la noche escribiendo. Y eso mola. Mola mucho

X.SEGÚ

Radio Paraíso de Pascual García Arano

enero 31, 2015

No es necesario “vender” al autor, ni a este libro. Solo es necesario un pequeño ejemplo. Radio Paraíso es crítica social, es una sonrisa a la realidad. Una mueca muy bien llevada. Ojo a todos los amantes del teatro y a los buscadores de escenas cortas. Una maravilla… Recomiendo Radio Paraíso a absolutamente todo el mundo. Y para más inri, son guiones reales de esta emisora. Escucharlos sería seguro una gozada.

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AMOR CIEGO

Hace años que hago el petate y recalo unos días en una playita bonita y medio triste de Almería donde se levanta un edificio de dos plantas y media, un lugar de acceso público cuyos propietarios, además de suministrar alcohol y tabaco, regalan lunas rotas –allí siempre está menguante- y canciones buenas, canciones reconocibles de Bob Marley, de los Rolling, de Hendreix, de Lou Reed, de Van Morrison… Desde hace años tengo alquilada durante quince días, una desvencijada suite en el bajotecho del bonito garito. Allí bebo y fumo hasta que quedo tendido. Entonces sólo tengo que subir a gatas la maldita escalera de caracol que conduce a un cuarto grande y abuardillado para empezar a girar… Es un cuarto de treinta metros cuadrados en el que ningún hombre, ninguna mujer, ha estado de pie jamás; es el cuarto de 1.30 de alto donde todo el mundo se pone de rodillas para beber, para comerse un coño, para vomitar. Este año no he sido capaz de reunir los 5000 euros que me cuestan los quince días de alquiler, así que he decidido atracar a un ciego de la ONCE… El atraco ha sido un éxito… Salgo para allá.

SOBRE EL COSTE DE OPORTUNIDAD Y LA BRÚJULA DE COPPOLA

enero 25, 2015

CINE TDS

Esto sí, esto no. Ahora sí, ahora no. Ahora aquí y más tarde allá. ¿Ir o no ir? ¿Amar o dejar pasar? ¿Trabajar o descansar? ¿Blanco o negro, o gris? ¿Verde? ¿Violeta? ¿Azul? ¿Mar o montaña? ¿Sentir o pensar? ¿Corazón o cabeza? ¿Coger el tren o esperar en el andén? ¿VO o doblaje? ¿Cine o fútbol? ¿O un buen libro? ¿Ayer, hoy o mañana? Esto más corto, aquello más largo ¿Comedia o tragedia? ¿O una de terror? ¿Escribir o esperar? ¿Lo que quiero o lo que debo? ¿Controlar o perder el control?

Hace más de siete años escribí un texto no muy largo (y no muy bueno) para la que en aquel entonces era mi enamorada. Hablaba de un concepto que había aprendido en clase de economía, fíjate tú. Eso sí, economía aplicada a la empresa y nivel básico que en eso de los números y las fórmulas me pierdo con facilidad. Ese concepto me ha perseguido durante toda la vida y no precisamente como una bendición. Hay algo muy pesimista en ello. Algo que me atrae y que de un modo u otro creo que debo compartir. Se trata del coste de oportunidad. Y el coste de oportunidad no es ni más ni menos que aquello que escogemos no hacer. Ejemplo: Si tengo diez euros puedo ir al cine o comprarme… ¿que se compra con diez euros? Me puedo tomar un gin-tonic (Si hablamos de alcohol me sitúo muy rápido). El caso es que si voy al cine mi coste de oportunidad es el gin-tonic y si me tomo el cóctel mi coste de oportunidad será ir al cine. El coste de oportunidad nos cuenta aquello a lo que hemos renunciado. La cosa es mucho más complicada, claro está, pero el concepto es así de fácil.

Es una mierda de concepto. Me recuerda sin parar todo a lo que renuncio, las veces que me equivoco y la gran pregunta: ¿Qué hubiese pasado si…? Y vivir así no es bueno, os lo aseguro. Menosprecias lo que tienes por lo que podrías haber tenido, no disfrutas de lo que haces por lo que podrías haber hecho y tienes una constante sensación de culpa cada vez que no haces lo que se supone que debes hacer. Pero soy una persona extremadamente práctica y el coste de oportunidad me ayuda a no perderme. Mi cabeza dibuja un diagrama con flechas y colores. Todas mis opciones al descubierto. Y, simplemente, escojo la que me parece correcta. A veces me equivoco, a veces me enfado y algunas veces no cumplo pero como mínimo tengo claro qué es lo que he escogido. La vida es bastante más complicada que eso. Hay muchas veces que no puedes escoger. O veces en las que tienes que escoger sobre opciones perdedoras, y lo sabes. Y también están esas opciones que son como un movimiento de ajedrez; si yo hago esto pasara esto otro y yo entonces podre conseguir aquello siempre que no ocurra lo de más allá. ¿Y que tiene que ver el coste de oportunidad con el cine? Vamos a ello.

Hacer una película consiste en escoger sin parar de entre una infinidad de opciones (si, infinitas). ¿No me creéis? Cogemos un plano de cualquier película, la que os apetezca. ¿Donde está colocada la cámara? ¿Cómo es la estructura del plano? ¿Es un primer plano, un plano entero, conjunto? ¿Cámara en mano o estática? ¿Qué ropa lleva el personaje? ¿Tiene el fondo desenfocado? ¿Qué color predomina? ¿Cómo son los objetos que lo rodean? Todas estas preguntas, si el equipo es bueno, se han hecho antes de ir a grabar y las elecciones se deben a algo, nunca deben ser gratuitas. Cada plano debe transmitir algo. Debe tener una función más allá de mostrar. ¿Queremos transmitir seguridad, miedo, tranquilidad? ¿Debe ser un plano bonito? ¿Quedara bien en el conjunto de la secuencia? ¿Es coherente?

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La realidad es que cada pequeño detalle conlleva una gran cantidad de decisiones que dejan tras de sí un coste de oportunidad. Y muchas veces la diferencia entre una película horrorosa y una buena película depende de esos detalles. La diferencia entre una obra maestra y una buena película. La diferencia entre mostrar y contar. Francis Ford Coppola (el director de la trilogía de El Padrino, la conversación (1974) o Apocalypse Now (1979)) llevaba consigo una libreta a los rodajes. En esta libreta llevaba el guión diseccionado y separado por escenas. Cuando tenía que escoger cualquier decisión consultaba la libreta y esa era su brújula, la brújula de Coppola. Sus notas era algo parecido a esto: “No hay que tener prisa. En esta escena mostramos el momento clave de la vida de Michael Corleone. Debemos crear tensión. Fijar la mirada en la pistola. Es un personaje muy humano. Él no conduce la acción pero no lo perdemos nunca de vista”. Y con eso dirigía. Siempre que tenía que escoger cogía su brújula y se ceñía a aquello que había decidido antes del rodaje. Después hay que ser un genio, claro está, pero esta ya es otra historia.

Algo parecido ocurre al escribir. Cada palabra debe ser única, debe tener un sentido. Cuando escribo suelo hacerlo sin pensar demasiado así que no hay coste de oportunidad posible. Escribo lo que creo que hacen mis personajes, lo que creo que dicen, lo que creo que piensan. Lo que ocurre en un guión suele ser decisión directa de lo que mis personajes deciden hacer delante de una situación. Las escaletas me ayudan a dirigir ese camino y mis personajes suelen acatar la norma sin esfuerzo. Algo muy mágico sucede en el subconsciente, los personajes cobran vida pero no se despegan de ti. Y les diriges sin esfuerzo. Cuando esto sucede, es que vas por buen camino. Es en la re-escritura donde el coste de oportunidad aparece como una losa. Es al revisar lo escrito cuando empiezas a preguntarte si esa es la mejor frase, si has escogido el mejor camino. Mientras escribes solo intentas que todo fluya (me encanta este verbo) pero mientras diseñas la historia y al terminarla… el coste de oportunidad. ¿Cómo en la vida, no? Pensamos y diseñamos nuestro camino, con mimo y cuidado. Pensando en nosotros y en los que importan. ¿Y luego? Luego simplemente las cosas suceden, y no escoges una mierda. Y la vida te lleva por donde quiere y te sientes como un títere del… perdón, si que escogemos. Yo escojo mi coste de oportunidad, eso nadie me lo puede quitar. Y eso mola. Mola mucho.

X.SEGÚ

Hablando de escribir: Albert López Vivancos

enero 21, 2015

Nos conocemos desde hace tantos años que nos cuesta arrancar con una conversación seria. Y más si hablamos de escribir. Ambos vivimos por y para contar historias. Y ya lo sabemos. Así que no me sorprende cuando me dice que se pasa el día almacenando información para sus textos. Siento al terminar, que nos parecemos más de lo que creía en cuanto a cómo escribimos y como percibimos el mundo de la dramaturgia. Albert López Vivancos ha participado en más proyectos de los que puede recordar. Es actor, director y dramaturgo así que al primero que ponga en duda su devoción por contar historias le voy a tener que llamar insensato. Actualmente se representa el musical La Monyos en el Teatre del Raval de Barcelona con música de Pedro Pardo y texto de Albert López Vivancos. En paralelo, prepara la segunda parte de su primera novela, La Terra d’Àndoc, escrita a cuatro manos con Igor Szpakowski. Y para no remontarnos al paleolítico (siento llamarte viejo), nombraré solo una pequeña pincelada de su obra, la que a mi parecer, transmite mejor el imaginario del autor: El desert de l’oblit (2012), Tempus fugit (2011), Ecce homo (2009), Joc d’escriure (2009), Em deien Vangogh (2008) i L’alumne (2007)

En un par de ocasiones habla de aquello que más detesto, los años y la experiencia: “Con los años he aprendido a reescribir mejor” o “con los años he aprendido a aceptar e interpretar las críticas de un modo correcto, aunque las críticas negativas nunca gustan”. Y creo que son los únicos momentos en los que no respondo nada. Nos separan más de treinta años así que yo, de años y experiencia poca cosa. En todo lo demás y durante más de una hora de conversación hablamos de todo aquello que creemos importante para escribir. Técnicas, herramientas, texto y subtexto, el público, teatro, cine, argumentos, personajes… Difícil tarea la de condensarlo todo pero… allá vamos.

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VIVIR PARA ESCRIBIR

“Me estoy escribiendo encima”. Roba la cita a un amigo suyo para retratar un modo de trabajar que compartimos casi en su totalidad. “Mi mente siempre trabaja. Y no solo en el proyecto presente. Siempre hay ideas nuevas. Durante todo el día almaceno lo que voy a vomitar por la noche. Lo vomito y luego es mejor dejarlo para el día siguiente”. Práctico y grafico. Así es Albert y así me cuenta su rutina. Escribe de noche y sin dejar que la cabeza de muchas vueltas. Creo que ambos evitamos así el pánico a quedarnos en blanco o a complicarnos la vida. Habla también de la diferencia entre escribir proyectos propios o ajenos. Dice que en los encargos trata de organizar mejor los tiempos. “Aún así, – desvela – a veces tengo que correr y eso en esta profesión es malísimo.

Y precisamente esta es la primera función que le da a la escaleta. Le permite organizar el tiempo que va a tardar en escribir cada bloque. Aunque no es la única. Le cuento que tengo problemas con el segundo acto, que siempre siento que aquello que estoy contando en la parte central de la obra carece de interés. Me responde con su truco – buen amigo- y me dice: “Trato de repartir la información que me parece más poderosa en ese segundo acto. De entrada parece que tiene que estar todo al principio pero si cogemos la escaleta y tratamos de repartir los grandes momentos puede que el segundo acto quede resuelto. A veces no funciona y a medida que llegas al midpoint tienes la sensación de que caes al pozo. Unas veces ocurre y otras no…”

De nuevo una buena ayuda que solo funciona si, como le ocurre a él, las historias nacen de personajes a los que les ocurre algo muy concreto y finales para esos personajes. En este sentido somos distintos. Él crea a partir de argumentos y yo a partir de situaciones. El dice: “A este personaje le ocurrirá esto” y yo propongo: “¿Qué pasa si coloco este personaje aquí?”. Y me pregunto de donde le viene esta necesidad de que ocurran cosas. Lo piensa largamente y detenida. Buena pregunta, pienso, si lo tiene que pensar tanto. Al final tiene dos respuestas para mí. La primera es que Albert vive para el teatro. Siente el escenario y lo imagina cuando escribe, de un modo muy gráfico. Y simplemente hace que ocurran muchas cosas. La segunda respuesta es más divertida: “De pequeño jugaba con mis Madelman. Creaba historias y diálogos. Y venían mis vecinos a ver qué ocurría. Y tenían que ocurrir cosas. ¡Era mi público!”.

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ANTE EL PÚBLICO

Y es que Albert crea para el público. Se define a él mismo como un autor práctico y secundo la idea. En sus textos pasan cosas sin parar. Dice que en las estrenas le gusta mirar la reacción del público. Dice que le gusta trasladar al público. Albert vive para el público. Cuenta que sus obras tienen subtexto, que hablan de la sociedad y de sus parámetros (a veces estúpidos). Y es cierto. Pero no crea pensando en el tema. De hecho creo que para él es muy secundario. Necesita al público y complacerlo. El público manda.

No lo dice él pero creo que prefiere que el público viva y sienta antes de que tenga que pensar. Y además para camuflarlo, el muy listo, casi siempre cuela un giro final. La gran trampa para el espectador. Hablamos de dos artículos de un servidor que retratan esta sensación: Sobre la vida y todo tipo de finales y Sobre el Deux ex machina, Lo imposible y como puede ser la vida de maravillosa pero ojo, aquí viene la bomba. Lo que me fascina de la obra de Albert es también lo que más le pone. Albert crea un personaje con el que nos vamos a identificar. Alguien que nos gustaría ser. Y cuando menos te lo esperas hace que despierte su lado más animal, y entonces lo repudias, y le odias. Pero ya lo has amado antes, y no puedes hacer trampa. Y creo que eso es su tema. Creo que habla de que toda persona tiene un lado oscuro. Y de que a todos nos gustaría a veces “coger la escopeta y dispararle a alguien”.

A FALTA DE CONCLUSIONES

– Sus momentos de orgasmo son el día de la premiere y la primera lectura del guión, antes de reescribirlo. Lo imprime en papel y lo lee.

– Tomamos un cortado y un café solo. (No es que sea importante pero es información)

– Hablamos un poco de nuestras cosas. Algunas tienen miga (off record claro está)

– Nos despedimos con una misión. Escribir una obra a cuatro manos. Cada uno con un personaje. El sale con ventaja, conoce eso de las cuatro manos, y se le da bastante bien…

X.SEGÚ

SOLO TRES CONSEJOS

enero 18, 2015

CINE TDS

¡Hazlo! No esperes a las vacaciones, a la semana que viene, a mañana. No esperes encontrar ese oasis donde cumplir tus sueños. Simplemente ve a por ellos. Lucha con fuerza y constancia, especialmente cuando sientas que no puedas más. Cuando no te acompañe el ambiente, el estado de ánimo o la inspiración. Entonces lucha con más fuerza. Pelea contra tus demonios y vence. Y siéntete poderoso. Conviértete cada día en  alguien distinto, más cerca de ser quien quieres ser, más lejos de quien se supone que debes ser. Y con ello serás feliz, y harás feliz a los demás. Y podrás dormir tranquilo y vivir en paz. Solo así, rompiendo con todo menos contigo mismo. Solo así es posible. Y si amigos, también hablo de escribir.

No hay mensaje que más repita a quien quiere escribir: ESCRIBE. Porque toda excusa es buena pero no conozco ninguna que sirva de nada. Solo existen tres secretos para todo aquel que quiera escribir un relato, una novela, una película, una serie, una obra de teatro… Solo tres secretos, tres pasos. No os voy a mentir, el viaje no es corto ni fácil. El viaje es una putada porque cuanto más avanzas más lejos te sientes de conseguirlo. Y os lo digo yo, que no he hecho más que empezarlo. Y la montaña es alta. Y aquí te sientes solo, y hace frio. Y entonces, ¿Por qué tú me das un consejo a mí? Podréis pensar. Si no has escrito un best-seller. Si no he visto nada tuyo en el cine. Si no conozco tu nombre de nada. Pues creo que es fácil. Yo ya he nadado en la mierda, he visitado mis demonios y me he tomado un carajillo con ellos. Y amigos… escribo. Y a veces, incluso vivo de ello.

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Primer consejo: ¿Cómo narices vais a escribir si no conocéis el medio? ¿Queréis ser novelistas? Pues a leer novelas. ¿Queréis escribir obras de teatro? Pues ve al teatro y lee los guiones de aquello que miras. ¿Quieres escribir cine o TV? Pues empápate de cine y TV. Parece obvio, ¿no? Pues es mi primer consejo. Conoce aquello que deseas hacer. Y no solo se trata de conocerlo. Debes ser un experto. Un experto en autores, en géneros y en estilos. Observa todo lo que puedas y cambia el chip. Entrena a tu cerebro para que piense veinticuatro horas al día en aquello por lo que luchas. Que todo sean historias, personajes, argumentos, situaciones  o desenlaces. Y no me vendas el cuento de que no tienes tiempo, de que te aburres, de que no te gusta. Entonces cierra el grifo y ataca otra cosa. No pierdas el tiempo. Si no te entusiasma no luches por ser mediocre.

Segundo consejo: Este es el bueno, el esencial y el más tonto de todos. Si quieres escribir, escribe. Si, si. Lo tenéis unas líneas mas arriba pero parece que hay que repetirlo hasta la saciedad. Porque la gente que quiere escribir y me dice que no lo hace… ¿Es que estamos tontos? ¿Qué es lo que no tienes? ¿Ideas? Pues entonces no vales, cambia de sueño. Pero si tienes ideas no necesitas nada más. Lo he comprobado. Cuantos alumnos me han dicho que eran incapaces de escribir rápido y acto seguido me han vomitado páginas y páginas con sus historias. Solo hay que tenerlo claro y atacar la página. Y escribir mucha mierda. Y mala. Pero escribe sin descanso. No quieras la novela de 3.000 páginas para empezar. Empieza con una historia pequeña. Con un personaje. Con un relato breve, con unas páginas. Y día a día, poco a poco y sin prisa llegaremos a aquello por lo que sueñas. Y recuerda, serás más feliz en la pelea que cuando la hayas ganado. Ganar es el premio. El trofeo. Pero ¿de qué sirve un trofeo si no para recordar cuan bello ha sido el camino?

Tercer consejo: Aquí viene el jodido. Este es el que hace que mucha gente que escribe tenga un problema capital; a nadie le importa lo que escribe. Mi tercer consejo es: aprende a ser crítico. Muy crítico. Con lo de los demás, pero sobretodo con lo tuyo. No tengas miedo al fracaso. Muestra tu texto y que lo juzguen, que lo insulten, que lo quemen por nefasto. Y aguanta la caída, y después te levantas, analizas y vuelves a empezar. Pero APRENDE por el camino. Si no, no dejaras de ser mediocre. Que cada vez que empieces algo nuevo sientas que estás mejorando lo anterior. Y permite que así sea. Aunque duela sentir que has tirado horas de trabajo por la borda. Porque no es cierto. Estás entrenando, estás aprendiendo. Aprende a ver las películas desde un ojo crítico. A leer novelas. A ver teatro. Crítico, siempre critico. ¿Por qué funcionan las cosas y porque no? ¿Por qué a veces ríen y a veces se duermen? ¿Por qué a veces lloran y a veces bostezan. No es poca cosa amigos. Muchas veces las respuestas no son absolutas pero que narices, lo relativo, también mola.

Una vez una actriz me contó que el único truco para interpretar es haber estado en la mierda. Sentir el ridículo y la vergüenza. Sentir que estas en el pozo. Que solo así puedes construir algo mejor porque lo superas, y pierdes el miedo, y te desnudas. Y te levantas fuerte. Y te sientes distinto. Y yo creo que es así. Porque este texto tiene truco. Es un engaño. Porque no hablo de escribir. No hablo solo de escribir. ¿Cómo vivimos? ¿Qué es vivir? Pues eso. Aprendemos de todo aquello que ocurre a nuestro alrededor. Vivimos porque no hay otro remedio pero se puede vivir o VIVIR, y yo prefiero lo segundo. Y nos equivocamos, y obramos mal. Y no nos controlamos y a veces todo salta por los aires. Y caemos al fondo del pozo, donde solo hay oscuridad y huele a mierda. Y pensamos que no podemos salir, y que eso es el fin. Pero lo hacemos. Salimos y cuando llegamos a la superficie podemos vernos a nosotros mismos en ese pozo. Y estamos orgullosos de haber salido. Y nuestro corazón lleva más cicatrices,  y nos sentimos menos niños pero somos más fuertes. Y así se escribe. Y así se vive. Y eso mola, mola mucho.

X.SEGÚ

SOBRE LA VIDA Y TODO TIPO DE FINALES

enero 11, 2015

CINE TDS

“Todo principio tiene un final”. Una enorme frase con la que acababa The Matrix Revolution y que posiblemente es lo mejor de la desordenada tercera parte de la trilogía de los hermanos Wachowski. Tengo obsesión por conocer el interés humano por las historias ajenas, por las historias contadas, por las inventadas. Y si algo es evidente en cualquier historia es que termina. Aunque sea un final abierto, aunque sea un final triste, aunque sea abrupto. El oyente de cualquier historia, el espectador, el amigo que escucha; todos tienen la certeza de que al cabo de un tiempo esa historia acabará y eso produce una paz tremenda en nuestro subconsciente. ¿Por qué? Pues nos pasamos la vida empezando y acabando cosas, viviendo historias, escribiéndolas. Y no sabemos dónde poner los principios y donde están los finales porque por desgracia la vida es algo más compleja que una historia escrita. En una historia alguien escoge un inicio y decide que terminará de un modo concreto en un momento concreto. Siempre he pensado que este es uno de los principios básicos de la necesidad de escuchar historias: Esas historias acaban.

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La primera lección en el mundo de las historias siempre ha sido la siguiente: Toda historia tiene tres partes; inicio, nudo y desenlace. Todos conocemos esta máxima. En el inicio presentamos un protagonista, alguien que queremos que venza, que sea feliz, que lo consiga todo. Entonces le ponemos en un apuro muy gordo donde peligre su vida, su integridad, su forma de ver la vida, su felicidad. Le proponemos un gran reto y simplemente dejamos que luche contra él. Jugamos a ser Dios y le ponemos tantos obstáculos como sea posible. Dejamos que se rinda en algún momento, lo alejamos de aquello que quiere y al final, en el mejor invento de la dramaturgia, le damos un final. Puede salir victorioso, vencer al mal, conseguir a la chica y ser feliz o puede fallar. Y morir, o dejar escapar a la chica en un aeropuerto de Casablanca (Casablanca, 1942), o conformarse con su amistad (El apartamento, 1960). Todo vale mientras termine, porque incluso cuando el final es triste y no tenemos consuelo para el protagonista sabemos que durante el viaje de la historia este ha cambiado. Y es mejor persona, o más valiente, o menos rudo. Incluso en los finales más tristes tenemos una boya a la que agarrarnos para que, al salir del cine, al cerrar el libro, tengamos consuelo para nosotros mismos. En esto consiste amigos. Queremos historias para limpiar nuestros pecados, para huir de nuestra realidad, para evadirnos y también para pensar que, de algún modo, nuestras historias también pueden acabar. Y que cualquier final puede ser bueno si durante el trayecto hemos luchado, sufrido, amado y en definitiva vivido.

La lista de finales más valorados de la historia del cine guardaba una intrigante sorpresa para mí. Nos gustan los giros. Nos gusta que la historia nos sorprenda en el último momento. No contaré los finales para no convertirme en el rey de los spoilers pero los finales mejores valorados son los de Seven (1995), El sexto sentido (1999), El club de la lucha (1999), Saw (2004) y Sospechosos habituales (1995). Todas ellas con un giro final de lo más sorprendente. ¿Curioso? No tanto. ¿No nos gustaría que nuestra vida diese un giro en algún momento? Un gran giro. Un final que sea también un principio. Y si no me puedo poner tan filosófico, la explicación es todavía más sencilla. Estamos tan saturados de finales donde las cosas terminan como parecen que van a terminar que cualquier cosa que se salga de la norma nos pone cachondos.

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Y es por eso que lo doy más relevancia a las películas que, pese a terminar como parece consiguen tener un final esplendido: Cadena Perpetua (1994), Match Point (2005), la nombrada Casablanca (1942), Gran Torino (2008)… Finales sin sorpresa pero grandes finales, construidos poco a poco, sobre unos grandes cimientos para contarnos que a veces la vida es lo que parece. Y que los peores presagios se cumplen. Y los mejores. Construir un buen final no es fácil y aunque me parece mucho más complicado escribir un segundo acto fuerte y sin fisuras el final siempre es el resultado del viaje y en él hay que tener la idea fija en resolver dos cosas: ¿Consigue el protagonista su objetivo? Es decir ¿Se lleva a la chica? ¿Salva al mundo? ¿Saca la familia adelante? ¿Mata al malo? Pero la importante es la segunda, amigos. ¿Quién es el protagonista al acabar el viaje? ¿Es mejor persona? ¿Es más feliz? ¿Ha superado sus miedos? ¿Ha logrado hacer feliz a los demás?. A lo primero se le llama resolución de objetivo y es fácil de escribir, es fácil de contar. Lo segundo es lo jodido. Porque la historia de verdad siempre está en este segundo punto, en la resolución del conflicto interno. En ella el autor nos dice de verdad que historia nos está contando y como quiere acabarla.

Por eso los finales tristes a veces son alegres y los finales alegres muchas veces no lo son al completo. Y me encantan los finales tristes si consiguen hacerme sonreír. Para mí eso es la vida. Perseguimos objetivos como locos y no nos damos cuenta de que lo importante es quienes éramos al empezar la historia y quien somos al acabarla. Y como ha sido el viaje. Y con quien lo hemos compartido. Y a quien hemos conocido. Y eso mola. Mola mucho

X.SEGU